28 de octubre de 2006

Arco iris
Más allá de los dominios de la tierra y el viento, donde los sueños se tiñen de azul, existe un vasto lugar en donde las costumbres y las leyes son tan ancestrales como el propio cielo. Un reino eterno de hábitos inalterables. Su sociedad vivía en una feliz resignación; no querían cambia ¿para qué? si estaban bien. Un día, como uno de tantos, la luna se sumergió para hacer su visita mensual y mostrar sus respetos al rey. Éste un ser pálido, con barba voluptuosa y cara de ser bondadoso; se conocía de él lo que de muchas criaturas marinas que tras una apariencia de vulnerabilidad se escondía una criatura de alma negra. Entre sus ciudadanos se cuenta una historia que sucedió hace tanto que su relato se convirtió en cuento de niños y con el tiempo se transformó en leyenda...

Una noche, cuando el cielo y la tierra se encontraban en la lucha por la soberanía, el reino inalterable se mantenía neutral, el sol decidió poner fin a tanto belicismo. Y aprovechándose de su altitud, mientras el cielo y la tierra se mantenían concentrados en su lucha, el sol envió a sus soldados sobre el mar, que al tomar contacto sobre él se transformaron en matizados arco iris gigantes. Estos alcanzaron al cielo y a la tierra, y pusieron fin a la guerra estableciendo la armonía. Cuando se puso fin al conflicto los soldados fueron llamados por el sol tomando la misma vía por la que llegaron. Pero no todo salió tal y como se planeó, el rey del mar enojado con la libertad tomada por el sol tomó como prisioneros a la gran mayoría de sus soldados y los encarceló en lo más profundo de sus territorios.

Los años se sucedían y los soldados pasaron al olvido de la memoria. Ya nadie se acordaba de ellos hasta el mismo encarcelador llegó a olvidarse de ellos. Pero aún a pesar de su olvido estos seguían con vida, prisioneros en celdas de cristal. Cuentan varias historias de cómo se liberaron; unos hablan de una traición a la corona, otros apuntan a un ajustes de cuentas con el rey, otros en cambio defienden que fue el amante de uno de los prisioneras que acudió en su rescate. Fueren cuales fueran la manera en que escaparon, lo hicieron. Inmediatamente fue dada la alarma y perseguidos. Durante la fuga algunos cayeron. Rozando la superficie empezaron a surgir como de la nada lobos de mar salvajes, sedientos, acelerados. Y justo atravesar la barrera acuosa se desvanecieron en el aire. Aunque muchos quieren pensar que volvieron a su patria, la verdad es que sus cuerpos murieron en las fauces de los lobos de mar. Ingiriendo sus almas.