14 de febrero de 2008

Eseuve 2/2
Belerofonte

Alzó la vista, en la calle transitaban lenguas foráneas y olores variopintos; a veces dulces, a veces duros. Arropado en su gabardina cabizbajo pasando discretamente por entre una multitud ensimismada por la explosión de color de flores y luminiscentes. Megáfonos azorando la quietud del monótono bullicio. Parejas abalanzándose ante él de forma sincronizada como si de un musical se tratara. A su paso vendedores ambulantes le lanzaban pétalos de flores, vociferándole estandartes del amor. Señoritas sobremaquilladas se le arrimaban invadiéndole y embadurnándole con su aroma tóxico. Jóvenes reposteras con labios pintados de chocolate se atrevieron a besarle mientras que, sin detenerse un momento, pasteleros engalanados con esmóquines de chocolate negro y pajarita de chocolate blanco le ofrecían incómodamente sus deliciosos bombones. Avanzó sin reparar en ellos, ni tan siquiera se lamió o limpió los dulces besos recibidos. Avanzó hasta que unas rosas le devoraron la cara. Se detuvo. Brusco. Todos seguían moviéndose a su alrededor, continuaba lloviendo pétalos, las bandejas le envolvían y el tipo que le hizo tragar las flores se asomaba sonriente sobre el jardín ambulante. Las reposteras se le empezaban a arrimar. Alzó los brazos y mandó al suelto al tipo impertinente de las flores. El hechizo se rompió y todos salieron espantados.
Él siguió su camino.