8 de febrero de 2009

De miedos, de héroes y de vencidos

Tomás siempre tenía la misma pesadilla antes de dormir. Justo cuando su mamá le sumergía en las penumbras con el quejoso clac de la luz. Era entonces cuando sentía que los monstruos de las sombras se abalanzaban sobre él apurando al máximo la oscuridad para atemorizarlo. Durante un tiempo reparó la situación reaccionando con un inmediato y alarmante chillido de terror que hacía que su madre inmediatamente diera a luz. Pero con el tiempo no le quedó otra que cambiar de técnica, y tal se basaba en adentrarse en la oscuridad antes de que ésta llegara. Así pues, desde cierto día y con la colaboración de su mamá, cuando recibía el beso de las buenas noches, inmediatamente cerraba los ojos con toda la fuerza que sus párpados le permitían; y cuando los abría…., ya estaba dentro.
Pero así fue como, sólo, consiguió huir de sus oscuros asaltantes. Cuando ya se encontraba inmerso en la oscuridad, veía todo un escalofriante mundo de confusas formas que nunca podía definir y que nunca se movían, tan solo le observaban. Pese al terror que le causaban, se había acostumbrado a ellas, pues pensaba que si no le habían hecho nada aún es porque le tenían miedo, lo cual era un pensamiento totalmente obvio. Fue así cómo se acostumbró a la criatura del armario que le miraba de forma sombría y que tan sólo cuando pasaba un coche por la calle podía ver sus ojos resplandecer, y al invisible ser que de vez en cuando le asustaba azotando las persianas. También se acostumbró a las arañas que se arrastraban por las paredes produciendo escalofríos a la casa y haciéndola rechinar, y a la NADA de debajo de su cama por la que siempre pasaba una fría corriente de tal forma que parecía que se lo quería llevar. Se acostumbró a la negrura, pues comprendió que habían terminado siendo amigos y ésta se volvía cada vez menos oscura.
Tomás jamás superó esos miedos, pese a que siempre los combatió como el mayor de los héroes de la épica Grecia. Simplemente resistió los envites durante cada noche refugiándose en su improvisada crisálida, y permanecía así hasta que exhausto, bajaba la guardia y se dormía.



Vídeo de la preciosa película, Nocturna, una aventura mágica.