18 de abril de 2009

Mirlos blancos surcan el horizonte

Una vez estuve en la ciudad de Merŭlus. Triste lugar. Sus habitantes, personas que alguna vez fueron algo. Las casas son de tierra fangosa, al igual que sus corazones. Todos visten terrosos y monótonos, sin vida. Vulgares. Se pasan la vida, y ratos muertos, asomados en la vereda del muelle viendo surcar en el horizonte a los mirlos blancos.
Encandilados por aquello que no son por observarlos.