22 de septiembre de 2009

EL sueño de las legañas

Se acomodaban viscosamente, mullidos en los vértices. Allí, en donde parten los barcos de los sueños. Donde la maldad desaparece para dar paso a la dulzura de la inocencia. Es ahí mismo donde se mecen y descansan reparando las heridas del alma. Duermen juntos y pegados por miedo a perderse si se pierden de la mano, si se pierden en el frío de estar separados. Se besan los párpados dejando sus babas en estos, cosechando así, lo que sera su simiente, que nada más nacer se abalanzarán sobre ellos, anclados en el vértice. Ahí, donde duermen, cada uno de los nacidos le susurrará a los párpados sus sueños vividos, para que sus palabras se conviertan en imágenes sin sonido siendo así estos pequeños, sus sueños no vividos. Después, de haber narrado con exaltación su vivencia y liberada su agitación, son invadidos por el cansancio e insomnes se acurrucan en los vértices junto al calor de sus padres. Cuando el último de los nacidos cae rendido sobre sus hermanos y hermanas; la noche, en el momento de morir, los congela para protegerlos de la terrible realidad que es la luz.
Y es cuando despiertan los párpados que se realizan los sueños de las legañas, que sin saber, les narramos susurrándoles con los párpados...