25 de julio de 2011

El reencuentro de un beso

Se cruzaron por la calle después de varios años tras su último adiós. Ambos avanzaron varios metros y se detuvieron, volviéndose a la par. El asombro fue mutuo, pero grato de cualquier modo. Sonrieron. Él, observó que seguía igual de bonita que siempre y se lo hizo saber. Ella le dijo que lo veía muy cambiado. Él respondió que su viaje había resultado muy duro, que la soledad le había curtido. Ella le miró con pena y admiración. Él sonreía con un rostro que ya no era como el de aquellos tiempos. Ella le dijo que quería hacer algo, pero temía hacerlo. Él, con su sonrisa y su rostro tranquilo, dijo que lo que fuera por lo que fueron, que no temiera. Ella le sonrió, se acercó y lo besó. Él la besó. En ese instante, el tiempo se detuvo. Todo se detuvo. La gente dejó de andar y se quedó admirando la escena. Los autos se detuvieron. Las palomas y gorriones comentaban desde las ramas de los árboles y los salientes de los edificios. El beso lo inundó todo. El calor se esparció por el mundo. Detuvo el tiempo, y las guerras, y las discusiones, y los llantos, y los despidos, y las crisis. El beso se hizo con el mundo. Y lo que el mundo recuerda, es el despertar abrazado de él con su mano en el vientre de ella, y de ella el calor del cuerpo de él protegiéndola.


Esto se me metió en la cabeza y no había forma que me dejara dormir. Quizás no quería que se fuera. O quizás no quería irse  sin dejar su huella. No tengo idea de nada, sólo sé que tengo insomnio y después de haber escrito esto, aún no se me ha ido... Algo en mi cabeza no anda bien.