8 de noviembre de 2012

Duermes

Duermes. En algún lugar, probablemente muy lejos de aquí, estarás dormida entre los brazos de otro. Seguro que de aquel quien no quise o supe ser. Dormirás, escurriéndote sobre su pecho helado al que calientas ávida de calor con tu frío. Siendo la seda que le cubre y viste en la oscuridad, para la noche. Mecida en su sueño, que seguro es ya el tuyo también, viviendo las aventuras que te merecerías y que no realizas en su mundo real. Duermes. Tranquila, segura de que habrá un mañana, y tus párpados descansan conteniendo la luz del nuevo día. Tu comisura serena tan firme y afable, horizonte de aquel que te guarece de las tinieblas en la que los que te tuvimos, nos condenamos a morar por siempre hasta ser rescatados. Y mientras tú duermes, yo estoy despierto frente a tu sueño, parado ante ti recordando, y casi sabiendo con certeza, que la fría madrugada nunca me devolverá el calor que a mis pies robaste. Duermo.

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