15 de octubre de 2013

Fracasos profesionales

Joan Bagur
Es inevitable tropezar de vez en cuando, en mi caso parece que es mi hobby. A menudo me pregunto porqué confío en la gente, o más bien, porqué no quiero desconfiar de ella. Suena naïf no querer dejar de confiar, sobretodo dado mi expediente, pero así es como soy, y es en parte ese lado de mí que me hace ser quien soy, si dejase de hacerlo probablemente yo no sería yo sino otro yo, no tan yo original, y por lo tanto mi imaginario también se vería afectado y en consecuencia, seguramente, no haría las cosas que hago porque yo ya no sería éste yo.

¿Porqué esta faceta tan filosófica os preguntaréis? (O te preguntarás, dudo que leas esto a un público).
Pues el caso es que hace unos meses volví a ser un idiota. Idiota en confiar en gente de la que otra gente (más sabia o experta, quizá) me había advertido que no lo hiciera. Pero no aprendo que hay personas que no valoran las palabras que suelta por su boca y mucho menos, quienes confían en esa gente.

La verdad me duele hablar del tema porque es exponer un error terrible que he cometido. Pero merezco también castigarme así, porque de otra manera no aprendería jamás que no puedo ser tan sumamente imbécil.

Mi error se resume en la ilustración de arriba. Hecha en menos de 24 horas, con 8 de ellas en contra. Y ni un gracias. Gente que se agenció su propiedad sin haber pagado nada, sin haber firmado nada, sin respetar mi compromiso... Sin valorar nada.

He perdido dinero, mucho en verdad. He perdido tiempo, de sueño, de vida, DIOS MÍO de VIDA, de pasarlo con la gente que me quiere y quiero, por confiar en algo en donde todos sabían que no debí hacerlo. Pero lo hice.

Yo sé que es muy probable que la persona en la que confié, jamás me vaya a pagar. También sé que es muy probable que jamás me dé la gracias por lo que hice por su proyecto.
Aún dudo en si demandarle, sé que ganaría, sé que le haría aprender una lección sobre cómo respetar el trabajo de los demás y de su dignidad. Pero luego pienso que en el mundo hay mucha gente mierda. Y que si te acercas a la mierda sólo terminarás apestando.

Ahora ya sé identificar un olor a mierda nuevo. Yo, por mi parte, no voy a dejar de confiar en la gente, y voy a seguir llevándome palos pero serán nuevos e inesperados. Y cada vez, serán menos.
Para la persona que tuvo mi confianza. Puede ganar dignidad, pagando, lo que se tiene que pagar por las cosas serias bien hechas.

Sobre la ilustración fue para un evento que hasta fue televisado. Era el elemento principal para un cartel de un chef invitado. No diré más porque luego me regañan. Y prefiero cerrar con una cita remasterizada por mí.

"Es mejor pedir perdón que permiso", y yo le agrego: "pero el perdón, sólo, si va acompañado como crecimiento, no como sumisión".