22 de junio de 2017

Nunca debiste de haberme dejado...
Así nunca, te hubiera dejado yo a ti...

31 de marzo de 2017

Shitmba!

Shitmba
Los días en el bosque, son todos iguales entre si, y deferentes entre ellos. Las estaciones siempre vienen y van. Los árboles siempre se zarandean de aquí para allá. El río fluye unas veces con prisa y otras menos lentas. Los pájaros anidan en las copas. A veces el bosque usa un traje o otras otro, no muchos su vestuario es limitado.

Sólo hay una cosa que no cambia nunca, ya sea que nieve, llueva o sea el más tórrido día. Hay un habitante que es gruñón y huidizo. Muy pocos han logrado apenas verlo. Es pequeño. Dicen que si te cruzas con él, aunque tan solo sea de respabilón, tu suerte cambia. 

Durante un tiempo el bosque se llenó de rumores y de aldeanos curiosos que se cansaron de curiosear, y se fueron. Y así,  el bosque volvió a ser el sosegado y rutinario que era. Hogar de indecibles cosas desconocidas; por siempre jamás.

Si esperabais que os hablara del Shitmba, no lo haré, esta no es su biografía. Sólo diré que cuando alguien alguna vez lo vio sólo pudo decir "What a shit...!".

Es una mierda en forma de historia de origen. Tú también te puedes tropezar con un Shitmba en cualquier momento. Buena suerte.


Sobre este vídeo:
Título: What a Shitmba
Reparto: Las manos de Fhil Navarro.
BSO: When i look up / Jack Johnson
Productora: Fhiliberto Films
Duración: 0:54
Año: 2017

24 de marzo de 2017

Este soy yo


Este soy yo. Más añejado. Con exceso de vello facial y algunas arrugas que no me sientan tan mal. Con canas discretas. Con alopecia beligerante. Este es un yo cansado, agotado. Harto. Fuerte. Perenne, como los pinos que anidan todo el litoral de mi tierra (de la que soy, no la que poseo que es ninguna). Este soy yo en una gama de azules y amarillos Van Goghnianos. Loco. Ido de la cabeza. Vuelto con mis propios pies. Hastiado de la sociedad, de la gente. Despeinado. Alborotado. Irregular. Este soy yo. Paciente. Moldeable. Mutable. Y contra mi voluntad, explotable. Soy este borrón de trazos que se confunden con los claroscuros de mi persona. Una paleta de antagonías liberadas, muriéndose en agonía de una libertad sin un fin concreto. Este soy yo. El que escribe estas líneas. El que retrocede sobre ellas y las vuelve a pisar. El que se ve y no se reconoce porque hace mucho que sus palabras ya no le reflejan, por el polvo depositado sobre ellas. Este soy yo, intentado ser de nuevo. Yo.

[Por lo general siempre he huido de mostrarme en primerísima persona de esta manera, sin un motivo que lo justificara. Pero ahora no hay justificación, ni excusas. Ahora es porque sí].

2 de marzo de 2017

Desletrándome

Quiero volver a escribir. A no sentir que se me escapan las palabras. Los sentimientos. Lo que fui. Lo que fue. Lo que seré. O incluso lo que pudo ser. Lo que no seré, pero que por lo menos sea aquí, en esta esquina agazapado en la penumbra de lo que fui una vez.

Quiero acariciar las palabras con el mismo mimo con que ellas vienen a mi. A aventurarnos a lo desconocido partiendo de lo que somos sin que nuestros pasos los limite nada ni nadie. A entregarme a ti, al suave movimiento de tus labios al leerme, y a sentirlo cuando lo haces con susurro de terciopelo.

Quiero volver a vomitar lo que me corroe por dentro, lo que me mata. Me hiere. Me muere. Que por no hacerlo muero cada día un poco más, lento. Sacar la pluma con la que me atravesó la vida, el pecho, y escribir con el tintero de mi corazón las prosas más sinceras. Más mías. Más tuyas. Más oscuras. Más más. Intentar que cada gota cuente como un punto. Y seguido. Y no como un punto. Y final.

Que tu aliento me reanime por momentos. Que tus labios me insuflen vida. Que reanimen a este moribundo escribiente, sin tiempo presente que relatar. Porque soy Lázaro cuando me lees. Y me sé vivo cuando vuelves. Cuando me lees. Me relees. Porque no importa cuan muerto en vida esté... Sé que tras mis palabras amigas, no moriré.