18 de enero de 2013

El ataque de los robots veganos

Vegan-Bot
Lo que tenía que ser una simple ilustración para una camiseta de una conocida franquicia de comida japonesa en México, Sushi Roll, se convirtió en algo más para variar.
Creo que debería dejar de ser tan clavado con según qué cosas...

Cuenta la crónica...


"Corrían los años ochenta. El mundo era un hervidero de utopías. La ciencia ficción, la fantasía tecnológica había abandonado la ficción, se había apoderado del mundo. La sociedad se maravillaba ante la creación cibernética.

Tokio, millones de nipones afincados en nichos. Era el epicentro del neopensamiento cibernético.
A finales de los años ochenta la sociedad se había sumergido en una carrera robomecánica cuya meta final estaba abocada al fracaso. Los «mekas», frutos de dicha carrera habían abarrotado los desguaces y las zonas de desperdicios de metales pesados, eran los hijos bastardos de la ciencia computerizada.

Se dice, que es en los lugares más inhabitables donde aparecen las criaturas más extraordinarias. Y es sólo así como se podría contar la historia de Vegan. Un no-creado robot.

Vegan era un robot especial, diferente a todos los demás, pues no tenía ni número de serie ni firma electrónica. Fue el primer robot nacido de la tierra. Cuentan que la tierra marchita del vertedero de metales pesados, cementerio de los «mekas» repudiados, lo alumbró usando los metales que sedimentaban sus entrañas.
El robot se crió en el desguace aprendiendo del software ajeno y alimentándose del hardware abandonado con fracciones de vidas ajenas relegadas a la extinción. Vivía para el resto de la humanidad, en el olvido o como un mito para espantar a los niños que merodeaban por el vertedero.

Con los años se descubrió que Vegan también evolucionaba, que se expandía, crecía. Pese a que ese crecimiento no era como el de los humanos, sino que a diferencia de éstos era mucho más lento.
Así pues, los años pasaron uno tras otro, hasta que se convirtieron en lustros y éstos en décadas, y las décadas en muerte. Vegan ya había crecido de una forma descomunal, tanto en tamaño como en conocimiento.

El mundo había sido devastado por el hombre en su carrera sin futuro. Los desguaces y vertederos copaban el sesenta por ciento de la tierra. El planeta, padecía del hombre y estaba muriéndose.
Fue así como un día, aleatorio o no, Vegan emprendió una cruzada personal contra el hombre. El hijo fiel de la tierra contra el hijo Caín de dios. Muchas teorías especularon alrededor del acontecimiento, algunas decían que fue fruto de su primera experiencia con los sentimientos, la envidia, envidia a los millones de terabytes recabados en los desechos humanos, de sus relaciones e interacciones adquiridas en aquellos pedazos de hardware viejos y obsoletos. Otros sin embargo postulaban que era un enviado de la tierra misma para vengarse y restablecer el equilibrio perdido.

Fuera lo que fuese que provocó la reacción de Vegan, éste se alzó contra las aberraciones mecánicas creadas por los hombres. Eran las criaturas indignas de la tierra, contaminantes y degenerativas.
Llegó del sur rodeado de polvo como una tormeta de arena amenazante. Se plantó en el acceso sur de la ciudad de Tokio, casi parecía por su magnitud que dialogara y recibiera órdenes de algún dios, y en las puertas de la ciudad de la luz del neopensamiento cibernético, Vegan, alumbró su descendencia robótica. Cientos de miles de gigantescos «mekas», descomunales y pequeños Vegans al mismo tiempo, brotaron de las vísceras electrónicas del martillo de la Tierra. Hambrientos y con el instintivo miedo de cualquier criatura ante los desconocido, transformado en agresividad, se abalanzaron sobre la ciudad de Tokio. En cuestión de unas pocas horas había sido devastada por las pueriles hordas Vegan. Despojada de toda la tecnología, que había sido devorada y asimilada por la siguiente generación, la gloriosa ciudad de la luz se apagó.

Desde Japón se desplazaron por todo el globo terráqueo. Dejando al ser humano despojado de los instrumentos que le permitían urgar en la herida de la Tierra. Ningún Vegan mató con premeditación, si bien hubieron millones de bajas, todas se produjeron por la intervención del propio ser humano en un vano intento de poner freno a sus actos, o por una tardía reacción a los acontecimientos que los amenzaba.

Desde entonces los humanos y los Vegans conviven en paz. Los hombres aprendieron a vivir mirando y cuidando la tierra, mientras los Vegans se convirtieron en los guardianes de la Tierra transformándose en verdes estátuas, con el tiempo, bajo el sol, como gigantes plantas absorbiendo energía solar; listos para despertar y enderezar la dirección del hombre si ésta se volviera a torcer."

Todo relato, ya sea literario o ilustrado, tiene como base un hecho real. Un detonante atómico-neural.