29 de diciembre de 2020

Sr. Anguinaldo

Sr. Anguinaldo dice...

Después de años de ausencias, desdenes y otras excusas varias e injustificables, vuelvo con mi felicitación para estas festividades.

Que no sé qué tanto haya que celebrar pero bueno, alguna excusa nos inventaremos para que sigan existiendo. 

Os dejo con el señor Anguinaldo, que tenía algo importante que deciros...

15 de noviembre de 2020

¿Quién soy?

"¿Quién soy?"
Se preguntaba en el silencio de la noche, a la hora de las sombras y las brujas. Y la única respuesta era el vacío. Estático, atrapado dentro de su cabeza; inerte, a la espera de una contestación; impasible, expectante de la vida. Sólo el zumbido de la calma en sus oídos, y la pregunta rebotando en la vacuidad de su bóveda craneal.

"¿Quién soy? Cuando no tengo a nadie que me diga quién ser".
Sintiendo la aguja de la ansiedad atravesándole el pecho. Él mismo se respondió con una exhalación ahogada. No fue un quejido, ni tampoco gemido, solo neutralidad y decoro. Solo se puso en un rincón (para no molestar). La respuesta fue su acción muda, irresponsable y cobarde.

"¿Quién soy? Si no me atrevo a ser".
Era miedo y angustia. Indignación y contemplación. Sumisión e indolencia. Era un anacronismo atorado en su propia historia, proyectando mientras veía pasar el tiempo. Una gota de tinta, en donde se había perdido. Gota que contenía varios renglones de su vida, donde todo se mezcla y revolvía sin coherencia ni ritmo. Náufrago de su propia historia, devorado por un mar de tinta y destino.

"¿Quién soy? Ahora ya no quiero ser lo que era".
La noche y el silencio le respondieron. Le costó varias horas en la oscuridad hasta que empezó a oír con claridad, el impacto de los centenares de granitos de arena con los que se mide el tiempo. Y en su mente podía disponer como quisiera de esos minerales temporales fragmentados; ya fuera para levantar muros y blindarse de su pasado, o para pavimentar un camino y trazar su senda. La nada le recordó que es ahora lo único que era, y que ser no era cuestión de tiempo sino el saber qué hacer con ese tiempo que no es contrato sino papel en blanco.

Y si en mitad de la noche, lo veía todo negro. Era quizá porque no estaba centrando sus sentidos, entendiendo su vida como un lienzo sobre el que plasmarse. Probablemente estaba más concentrado en la tinta negra de la noche, y en las múltiples y enfermizas posibilidades de esta, olvidándose que no importaría cuán perfecta fuera la decisión si cuando llegase el momento de dejar huella, el lienzo estaría marchito y no soportaría la mancha...

"¿Quién soy? Soy yo, y eso debería ser suficiente".

31 de octubre de 2020

El viajero

Desde la ventana de mi casa veo cómo se extiende hasta un horizonte contaminado la vasta urbe de los aztecas. Llueve, un mes y medio lloviendo en agosto puede ser perturbador para un isleño, en verano y en una montaña de hormigón.

En estos días me da por pensar mucho. Porque de forma natural te arrebatan lo que siempre ha sido natural para uno mismo. No sé si me entendéis. A veces viajar es como el mito de Ícaro. Que no basta con llegar y conseguir volar, alto y lejos, sino que también tenemos que intentar alcanzar el sol, con las terribles consecuencias que ello conlleva.

Yo he viajado mucho, ¿saben? Pero sólo he sido viajero una vez. Háganme el favor de no confundírseme porque no es lo mismo viajar que ser viajero.

A un viajero le atavían siempre las lágrimas, los abrazos y la ilusión. El viajero es agridulce por naturaleza. Ser viajero no es apto para paladares delicados. A veces son tragos de azúcar, otros de arenas, y en muchas ocasiones el mezcal ayuda a que uno u otro pasen con extraordinaria facilidad.

Yo he sido viajero. Bueno, ahora mismo soy un viajero. Me acuerdo de mi primera despedida. Despedida de verdad. De esas de me voy y ya volveré. Como las de antes, como las buenas, que cuando aquellos volvían te llenaban de fascinantes anécdotas.

Mi primera despedida fue con mi madre y mi hermana pequeña, junto a un autobús que me llevaría al mar. Ambas lloraban. Como si me fuera a la guerra. Como si existiera la palpable posibilidad de que no me volvieran a ver…

No fue hasta que me subí al autobús y las perdí de vista por la ventana hasta que me cayó el veinte de la situación. Es una pena que la gente no se comporte así siempre. Aquella semana sentí el amor que le gustaría recibir a todos diariamente. Qué pena que sólo lo dan en ocasiones puntuales, son esos toques de atención que te dan para recordarte: "Eh, vuelve, que sino mira lo que te pierdes".
Uno se sube al avión y piensa: "No sabéis lo que os perdéis vosotros".

Hay veces que ser viajero es ser un marginado. Por lo general nunca es así, pero a veces pasa. A mí me pasó. Cuatro años y una sola visita. Ni padres, ni hermanas (bueno, sólo una de ellas), ni amigos… De verdad que eso te puede hacer sentir marginado. Solo. Y cuando digo solo me refiero a que no tienes el apoyo de la gente cercana, tu gente, que en lugar de decirte: "¡Hey! ¿Cómo estás?". Te dicen: "Hey, ¿cuando vuelves?". No es fácil. En especial, cuando ves a tus amigos, viajeros como tú también, que no paran de recibir visitas de sus amigos y familia.
No mi silencioso público. No es fácil.

Pero… Ahí es cuando uno se sabe viajero y, como un náufrago en una isla desierta, comienza a crearse un nuevo hogar. Y no es fácil, porque uno debe de sortear el racismo, que es para todos igual. Pero con los meses, uno empieza a integrarse en su nueva casa, conoce gente y a decir verdad mucha te decepciona. ¿Pero a quién no le han decepcionado de esa manera? Pasan los meses y todo obtiene un mejor color. Aunque siempre tienes la certeza de que el hueco que queda nunca se termina de llenar.

(Texto extraviado y rescatado del 2012)

Viajar

Viajar.
¿Alguna vez os habéis preguntado lo que realmente significa?La vida en sí misma es un viaje. Íres y venires, algunos largos, inmensamente largos, otros cortos, tan sumamente cortos, que los despreciamos sin considerarlos como tal.

Viajar es abandonarse.
Viajar es entregarse.
Uno abandona su vida implantada y se entrega a la semilla de su corazón.

Viajar, marchar, partir, volver. Verdaderamente uno nunca vuelve. Cuando decides irte, alejarte de todos, de cada una de las personas que sin darse cuenta te han alentado a alejarte de ellos. Es en ese preciso instante, en el que uno ya se ha ido.
Siempre he creído que el viaje inicia cuando uno ya ha tomado la decisión de irse. Es el viaje inicial de la imaginación y el sueño. Esperanza quizá. Sin embargo, es en muchos casos amargor para los que te rodean.

Viajar. ¿Qué demonios es viajar?
Os lo diré muy fácilmente. Es huir. Huir de la realidad cotidiana. De las responsabilidades. De tu pareja que te maniata. De tu jefe que te castra. De tus amigos que te limitan con sus miedos y tabúes. Es huir. Es querer y saberse libre para hacerlo.

Para nosotros, los viajeros, los que tenemos el corazón partido. Que somos como los niños, que no son capaces de escoger entre papá o mamá. Nómadas contemporáneos.
A veces pienso que nací en la época equivocada. Nuestros abuelos eran mucho más nómadas que nosotros, y probablemente los suyos más que ellos. Seguro que habían razones para ello: política, guerra, hambre, crisis. Espera. ¿Estoy hablando en tiempo pasado?

Para los viajeros un viaje es como un segmento, igual que en la primaria, de A hasta B. Nosotros, que por lo general vivimos con calderilla en los bolsillos, realizamos el viaje entre A y B sin ataduras. No es el destino nuestro viaje, sino lo que sucede en lo que llegamos a él. Puedo deciros que tanto A como B son mis casas. Si bien una es como la casa de mis padres y la otra como la casa de la playa. Lo enriquecedor, lo verdaderamente adictivo, es lo que pasa entre esos dos puntos, en la que la única diferencia con nuestra infancia es que nunca los une una línea recta.

(Texto extraviado y rescatado del 2012)

31 de agosto de 2020

smpl-t's, más que palabras


Después de mucho esfuerzo, de mordernos la lengua, sufrir, dudar, mimar, analizar, corregir, repetir, volver a repetir, y demás accidentes dentro de la creación de todo nuevo proyecto... me hace mucha ilusión daros a conocer este bebé, que hemos creado con todo nuestro amor para el mundo. 

Se trata de una marca de camisetas con valores culturales vinculados a la palabra y con un corazón verde porque nos preocupa la pachamama.
Se llama smpl-t's, y aparte de pediros que si os gusta alguna camiseta le deis a comprar, valoraría mucho que siguierais tanto la Fanpage como la cuenta de Instagram. Pero sobretodo agradecería conocer vuestra opinión al respecto. Si os gusta, si no os gusta, y esas cosas (no me lo tomaré a mal) pero sí me interesa mucho mejorar el proyecto y este me resulta un buen camino para ello.

La primera colección se llama Vocablos Lindos y es una oda a México, con un lettering original, estampadas a mano, con mucho cuidado y calidad, sobre camisetas 100% algodón orgánico. Se trata de una serie de 12 camisetas (pero pronto crecerán a unas cuantas más).
Espero que os gusten, están hechas para todos ustedes con amor.

PS: Podéis dejar los comentarios en el post mismo, gracias ;)

24 de mayo de 2020

Vivacittà

Le había perdido el respeto a la ciudad. Ya no la temía más. Se adentraba cada vez más en ella, perdiéndose y encontrándose una y otra vez. Se había vuelto intrépida, ¿pero a qué precio? Cada expedición se había vuelto más prolongada, más profunda, o más solitaria. Con el tiempo empezó a perder la constancia de los reportes, y hacía sus incursiones cada vez más misteriosas y secretas. A medida que su miedo era devorado por la ciudad, ella cada vez más se volvía una con ésta.

De esta forma transcurrieron los días y las semanas. Las horas se llenaron de silencios y vacíos en sus ausencias. Su apetito por conocer una ciudad hasta ahora desconocida, había despertado y era insaciable.

Para entonces ya había descubierto el biorritmo de la ciudad; surcó sus arterias dejándose llevar, respiraba en sus pulmones redes y no negros de contaminación, palpitaba con la vida de las calles con sus habitantes coexistiendo en armonía, se le iluminaba los ojos en la oscuridad y poco a poco, empezó a enamorarse de la bestia de asfalto.

Cuando volvía a casa, callaba, contenía en ella misma el ruido, el caos, la vida de la metrópoli. Era demasiado que digerir. Incapaz de compartir nada, era su ciudad. Y ahora, también, empezaba a sentirse parte de ella.

Después de meses de adentrarse en la jungla hipodámica y modernista, una noche ya no regresó. A la mañana siguiente, no dio señales de vida. Esa misma noche dejó una nota en la puerta donde rezaba "No te preocupes, estoy bien, ahora soy una con la ciudad".

No se supo más de ella. Con el tiempo se la volvió a ver por toda la urbe de distintas formas: en graffitis, en las baldosas de las calles y casas, en las cortezas de los árboles, en la crema de los cafés, en la espuma de la playa, a retales entre luces estroboscópicas,... Había logrado fundirse con la capital, era la viva imagen de la ciudad, y con eso ella era feliz.

17 de mayo de 2020

Necesito más espacio

We need more space


Pasé tanto tiempo flotando en el espacio exterior... sin conocer lo que era arriba y lo que se entendía como abajo. Una mancha blanca sobre un lienzo negro en donde para brillar solo tenía que abrir los ojos e iluminar la realidad.

Pasé tanto tiempo jugando con las gravedades de tantos cuerpos celestes que moverse significaba bailar con las estrellas y quemarse en sus cuerpos celestes...

He pasado tanto tiempo sin despegar los pies del suelo que ya no sé lo que es soñar despierto y amanecer a cualquier hora, sobre cualquier galaxia salvaje recién explorada.

He pasado tanto tiempo sobre la misma rotación que ya solo pienso en una sola cosa... Necesito más espacio.

28 de febrero de 2020

Amar(te)

De pequeño nunca me enseñaron lo que era realmente el amor. Todo era una recompensa, siempre. El amor siempre traía una letra pequeña, una cláusula escondida, una fecha de contrato, un arma arrojadiza. Un cambalache con toneladas de maquillaje e ínfulas de desinteresado, palabras edulcoradas. Un bumerán que te atizaba en el cogote pidiendo la devolución de un gesto, un acto, una coartada, o en forma de puntal cuando fuera requerido.

El amor fue una moneda de cambio, un premio, un tabú, una lanza de Longinus, una lupa, era una señal de auxilio en una isla desierta. Es la galleta que pide este perro tras dar la pata aunque no la estén pidiendo.

Fue un estigma en el alma, señalado y humillado. Mostrarlo era debilidad. Y agachar la cabeza, demostrarlo.

Me inculcaron sin palabras la idea que el amor es mejor recibirlo, pero nunca me enseñaron a darlo. Confundí amor con consuelo. Malinterpreté amor con promesas de corazón. Comprendí el amor con favores.

Aprendí el amor demasiado tarde. Hice el amor por primera vez muy tarde. Y mis reflexiones sobre porqué amo como amo llegan también tarde.

Sé que lo aprendí mal, pero quiero desaprenderlo bien. Y limpio, volver a escribir sobre lo que es el amor. Porque si algo quiero es no creer que este amor que conozco es el único que tengo y que hay, sino saber que puedo amar mejor. 

Amar(te) mejor.

26 de febrero de 2020

Expectativa

El charco de agua turbia, refleja su rostro entre trazos de petrol iridiscentes. Y con altanería se observa, detrás de ese rostro, un desconocido familiar: él.

Se vende como un motor, un reactor, un generador... pero no dice que es sucio, que huele mal, que destruye el planeta: te destruye.

Se promete. Oro negro. Como cualquier futuro a su lado. 

Fue un éxito, hasta que el tiempo lo puso en su lugar. Entonces ya era tarde para corregir todas las decisiones tomadas, las apuestas echadas,... Todos ardieron en su negro fuego.

Ahora le devuelve la mirada a su iridiscente reflejo, y se observa con vergüenza. ¿Qué hará? Si lo piensa detenidamente aún puede hacer bien, pero tiene que empezar a hacer las cosas diferentes. Pero sobretodo, perdonarse, vivir con la culpa pero dejar a un lado el remordimiento. Y centrarse en lo que importa, cumplir con la expectativa y hacer justicia a su promesa.

24 de febrero de 2020

Repetición

La vida es una suma de situaciones. Las situaciones son la suma de acciones. Las acciones son la suma de todos los rasgos de la personalidad. Y la personalidad, se moldea con la suma de las repeticiones sobre una misma conducta. 

Y él estaba en una espiral desenfrenada de repeticiones con conductas equivocadas. 

Así como había aprendido a levantarse inmediatamente cuando se caía. Lo hacía porque así le habían hecho hacerlo desde siempre. Nunca se planteó (quizá por casualidad) no hacerlo igual y tal vez provocar el fin de las caídas. Tenía otras muchas tantas más repeticiones erróneas que gustaba repetirlas con amargo pesar. 

Y es que vivía en “Atrapado en el tiempo”, y tenía como copiloto a Phil. Siendo triste el caso que él no era el protagonista de su propia película, era simplemente... el figurante estrella. Un actor secundario en el biopic de su vida. Nunca tomaba las riendas. Nunca le daba un giro dramático a su trama. Tan solo repetía una y otra vez su papel. Solo variaba el rumbo cuando los figurantes secundarios hacían suyos los reflectores cuáles protagonistas usurpadores, obligándole a improvisar con torpe éxito.

Y para él eso estaba bien, nunca había repetido dos veces un pensar diferente. No entendía los beneficios de lo inesperado. 

Con el tiempo había aceptado, que aquello que tanto le molestaba también era parte de una repetición, y su carácter también se había hecho a ello. 

Aprendía por repeticiones a base de ausencia de dolor. 

Todo iba en perfecta armonía repetitiva, hasta que un nuevo figurante entró en escena. Un antagonista. Su antagonista. Su antihéroe, o mejor dicho, el héroe de la trama. 

Este figurante era errático, y ya solo por eso a todos les agradaba. Él les liberaba de la rutina diaria a los otros figurantes. Y poco a poco, en pocas repeticiones, fue volviéndose la figura protagonista de su película. 

Ya se hablaba de un cambio de guión sin contar con el figurante estrella. Amenazado, se dirigió hacia su antihéroe.
—Tú no tienes ninguna línea aquí, vete.— sentencia nuestro figurante estrella. 

El nuevo héroe, le mira. Sonríe y le dice:
—No tengas miedo al cambio. Desde aquí ya me encargo yo, será incómodo al principio pero en cuanto te acostumbres lo agradecerás. Es por nuestro bien. Esta película se cae a pedazos.— Mientras le pone los brazos sobre los hombros y sin ponerle resistencia, lo lleva hacia una esquina y lo sienta apoyándolo contra la pared. 

Sin comprender mucho, se acomoda y se termina dejando vencer por el sueño. 

La abrir los ojos, nada está como lo había conocido. “¿Cuánto tiempo he dormido?”, se pregunta. 

El elenco de su vida ha cambiado. Se levanta y se dirige al baño a aclararse la cara. Con el rostro empapado descubre que su antihéroe le devuelve la mirada reflejada en el espejo, le sonríe y le imita.

Dos pasos hacia atrás sobresaltado lo introducen en escena. Se oye un estruendoso estallido de aplausos mientras que un cañón de luz lo ilumina.

"Hemos hecho algunos cambios, no te asustes". Su antihéroe, le hablaba dentro de él. "No te preocupes, ahora estamos juntos en esto. Sólo déjate llevar, y vive como quieras. Entre los dos nos las arreglaremos".

"Ahora sí, eres la estrella, brilla".

22 de febrero de 2020

Depresión

El agua se le introduce en la boca en tragos amargos de sal buscando un aire que no alcanza a colarse. Sus brazos chapotean entre las olas intentando encontrar una calma, una estabilidad que no existe a su alrededor. Pasa más tiempo escupiendo agua que cazando oxígeno. Y al mismo tiempo, otra ola traicionera la sumerge nuevamente. Han pasado varios segundos hasta que ha podido volver a salir a flote. La sal se le mete en los ojos y apenas es capaz de abrirlos para ubicarse, pero lo intenta. El pelo tampoco ayuda; viene otra ola.

Vuelve a salir a la superficie, cada vez exhala más de lo que respira. En un descuido, el mar, le da el tiempo suficiente para ver el destello de un faro en la distancia. Quizá eso sea su única opción. En un instante una ola la levanta mostrándole una vista aérea de la costa para después, no soltarla, y arremeterla contra el agua. Contra la densa profundidad del mar. Contra el fondo del mismo. Rueda. Se ha lastimado, seguro que se ha lastimado. Como un instinto animal, posa los dos pies en un instante sobre el fondo marino y toma el impulso que le ayuda a ascender.

La luna se esconde tras el oleaje. Pero ella, no la luna, surge de entre las aguas, tosiendo, jadeando, exhalando. Comienza a nadar como puede. Ni siquiera sabe si está en la dirección correcta, pero no puede perder más tiempo pensando. Otra ola la embiste, la sumerge, la hunde, la aplasta contra el lecho marino de piedras, algas y esqueletos de moluscos.

Su cuerpo se ha quedado quieto sobre la arena. Se sacude bruscamente e intenta tomar impulso hacia la superficie. Pero ya se ha quedado sin fuerzas y asciende sin suficiente fuerza. Se detiene lentamente a medio camino. Su cuerpo se ha quedado suspendido. Levita entre dos mundos. Aún no se duerme, pero ya tampoco está despierta.

El mar, la sacude nuevamente. Consigue despertar, y sus únicas fuerzas las gasta en abrir los ojos. Una sombra la arrastra hacia el fondo, contra un lecho de algas. Aquí se acabó todo, no puede estar pensando otra cosa. Otra sacudida la vuelve a agitar, siente una presión en la muñeca. Mira con esfuerzo, está ascendiendo.

El reflejo de la luna se quiebra con dos cuerpos salpicando a su alrededor. Empieza a toser, a vomitar agua, y finalmente a jadear. Parece que el mar le ha dado una tregua. No es que ya no haya oleaje, simplemente y por el momento, el mar no intenta ahogarla.
Pero no está nadando, flota pero no nada. Por fin se ha percatado que no está sola. Voltea a su izquierda y descubre una silueta oscura que la sostiene. No es que sea un ser fantasmagórico ni nada de eso, es que la luna no la alumbra lo suficiente.

Se queda callada, mirando. Intentando descubrir algo de quién la mantuviera a flote. 

–Gracias".– Consigue decir finalmente.

–Tranquila, todo va a estar bien. Vamos hacia la costa. No sé si lo logremos, pero por lo menos sabes que no estás sola. Lo difícil empieza ahora.– Su voz se siente cansada pero firme.

Parece que el mar conoce sus planes, y da por finalizada la tregua. Desde el oscuro horizonte se escucha el rugir de una bestia que se aproxima.

–Vamos, juntos lo conseguiremos.– Sentencia la silueta.

Su afirmación le insufla fuerzas; empiezan a nadar.

20 de febrero de 2020

Nómada

La oscuridad se convierte a veces en una sala de cine. Clava los ojos en un punto muerto y escenas se proyectan desde ahí. Un mapa de momentos, situaciones y anécdotas empiezan a proyectarse en exclusiva para uno mismo.

Las sábanas frías enfrían aún más los dedos de los pies, e insensibles y rápidos se encuentran con los míos. Se enfrían juntos, hasta que tus pies te calman y se duermen junto a los míos. 

Voltea la mirada y otra más se muestra. Salta y continúa.

El estrés siempre nos sobrevuela como un zopilote hambriento. A veces te picotea a ti y otras a mí. Entonces cualquiera de los dos huye despavorido hacia los brazos del otro, y sobre su regazo nos sentamos y nos abrazamos, respiramos juntos y nos repetimos con complicidad: “Todo va a ir bien”.

Sin darse cuenta se ve convertido en un nómada de los recuerdos, ningún momento es eterno, pero todos se quedan guardados en la memoria, si son valiosos.

Nos gustan nuestros labios, a veces se nos agrietan por no usarlos lo suficiente. Pero en ocasiones, una mirada, una sonrisa y te planto un Spiderman. Despacio, tierno y algo más... con un final lento y cálido. Luego nos distanciamos y una sonrisa se queda. 

Saltando de uno a otro, tan solo guiado por su corazón. Parpadea, palpita, parpadea, y cambia.

El hambre es siempre una razón más que suficiente para ponernos a cocinar. Tú tienes más sazón y yo más pinche. Tú te paseas olfateando y llevando de aquí para allá los ingredientes, mientras que yo termino de cortar las verduras y continúo limpiando los trastes colocándolos de allí para acá. Entre tus idas y venidas, me descuido y me pellizcas de forma traviesa. Brinco y cuando me coloco nuevamente, me besas y me mordisqueas la nariz. Te ríes y vuelves a poner tu nariz en la cocina añadiendo una pizca de sal.

El nómada se desliza entre recuerdos, nunca a un tiempo fijo, a veces minutos y en otras ocasiones horas. Y mientras se escurre entre recuerdos y tiempo, sus ojos se van cerrando. Hasta que unas lágrimas nacen de sus ojos cerrándolos, surcando por sus mejillas y llevándolo a otros lugares igual de mágicos.

18 de febrero de 2020

Autosuficiente

Autosuficiencia

A la tercera arcada, se despertó. Era de madrugada, de las más frías que se recordaban. Él estaba sudando, las sábanas estaban empapadas y las mantas mojadas por la condensación. El cuarto eructo gutural le enderezó sobre la cama. Una bola sobre el corazón, después entre sus pulmones se iba deslizando sobre su esófago hacia la boca, era un peso en forma de ansiedad. La quinta arcada se lo llevó al piso, de rodillas y con sus manos postradas en el suelo. La bola hinchaba su garganta. Finalmente, casi dislocando su mandíbula, entre lágrimas, eructos profundos y respiración atragantada, vomitó sobre el piso de su habitación una bola amorfa en un charco de babas aún colgando de su boca, lágrimas y bilis.

La vio, por momentos borrosa por el esfuerzo, por momentos invisible entre la oscuridad. Una bola de cosas, una pequeña bestia dentro de él mismo, alimentada por los años de egoísmo, narcisismo, vanidad, de falsa autosuficiencia y sobretodo de ignorancia...

La bola empezó a estirar unos pequeños brazos hacia él, intentándolo agarrar. Como pretendiendo volver a él, a su padre. Asustado, el muchacho, saltó hacia atrás y empezó a recular hasta la pared. La bola, su hijo, empezó a posar las manos sobre el suelo y comenzó a arrastrarse hacia él, empezando a jadear por una boquita que cada vez se hacía más grande. El rastro de fluidos mostraba claramente que iba avanzando hacia él. Un pequeño ojo brillante se abrió mirándole fijamente, mientras avanzaba, mientras jadeaba.

Empezó a llorar aterrado. Las manos ya habían alcanzado a sus pies y en poco tiempo ya estaba trepado sobre él, jadeante, babeante, dirigiéndose hacia su lugar de origen. El chico estaba totalmente paralizado, aterrado, desencajado y llorando sin parar de forma muda...

Su bola, ya estaba sobre su pecho, y sus manitas ya acariciaban su barbilla. Mirando la bola, a un palmo de distancia de su boca, se vio inmerso en el momento más oscuro de su vida; un hilo de aire agónico brotaba de su boca. En ese momento las manos de esa cosa ya estaban abriendo su boca hacia los extremos. En ese instante, de aquel tenue hilo de aire surgió, al fin una palabra: "Ayuda". Y entre intensas lágrimas volvió a repetir, en esta ocasión con más fuerza: "¡Ayuda!".

La bola ya se estaba empezando a meter en su boca cuando unos pasos apresurados entraron en la estancia y encendieron la luz. En ese preciso momento, la bola se deshizo sobre él, y empezó a llorar desconsoladamente.
Los mismos pasos apresurados se acercaron a él, y lo abrazó. Puso su cabeza sobre su pecho y empezó a calmarlo acariciando su pelo, y con total tranquilidad y dulzura le dijo: "¿Por qué te has tardado tanto?".

6 de enero de 2020

Sobre A*

“Lo que me gusta de A*.
Es que A* es única, y cuando digo única quiero decir ÚNICA, es una luchadora que realmente se ha hecho a sí misma, no necesita de nadie para conseguir sus metas. Y es fuerte, mucho. Pero su piel es sensible y delicada, y hay que saberla acariciar (yo muchas veces no he sabido hacerlo). A veces solo necesita sentirse apoyada para que sea imbatible, y ahí yo fallo frecuentemente.

Se preocupa por todo, en muchas ocasiones de más, pero es porque realmente no le gustan las sorpresas inesperadas. Es muy trabajadora, aún cuando está exhausta sigue al pie del cañón y no teme a lo que desconoce, se pone a aprenderlo y sigue hacia adelante. 

A* es una persona que se preocupa por los demás, incluso cuando ya no debería, se preocupa. Pero eso es porque tiene un gran corazón, siempre da y da, y cuando no se protege debidamente sale muy lastimada, en especial cuando yo no le cubro como debiera.

Lo que me gusta de A*, es su estilo. Sabe vestir bien, muy bien, y verse bien siempre es una prioridad. Le importa lo que come y se preocupa que tengamos una alimentación saludable. 

Me gusta cuando me pierdo en sus ojos, y me arrastran a una calma que no había conocido nunca. Me gustan sus besos, sedosos, cálidos, cuando me acarician sus labios es como si besara su corazón.

Pero lo que más me gusta de ti, es que piensas, te paras a pensar y reflexionas. Me gusta porque yo he dejado de hacerlo desde hace un tiempo y es una cualidad con la que me identificaba. Y es porque piensa, que ella sabe lo que quiere, y eso es una virtud en ella.

A*, es una buena persona, y mejor amiga. Y para mi, has sido y eres una compañera excepcional. Sin duda irreemplazable.”