2 de agosto de 2015

Sextilis

Y llegó agosto, como un soplo a mitad de la noche, frío y desconcertante. Los días de verano habían dejado de existir, quedando sólo un inerte sol estival empedrado tras tristes bloques de invernales nubes. El viento rememoraba el sabor al fin de temporada para los camareros, ese que sólo arrastra soledad, sobras de placer y diversión. Las piscinas silenciosas parecían que ya no quedaban indeseables escondidos por cualquier parte. Agosto había llegado con la sorpresa que no quería llegar. Y los camareros sonreían con la esperanza que así fuera. Era fin de temporada para los corazones sin rostro. Agosto había llegado sin ganas y el verano lo sentía.