9 de septiembre de 2015

Naufragio temporal

Las células mueren, las arrugas aparecen. El fin se acerca. Cada año el teatro se derruye y enseña la pantomima de la vida. Las máscaras se caen o se decoloran, se quiebran. Los corazones laten polvo y se marchitan. Cada vez el fin de la guerra se acerca y solo quedan batallas perdidas. La gente se rinde o se extravían en su propio destierro. Nómadas, almas en pena. Cada vez más, Jim, siente el peso del reloj de arena sobre su pecho. Siente que se ahoga con el tiempo y en su océano de segundos, minutos y horas. Náufrago. Arrugado, por el reloj, por ese océano impetuoso, temperamental y rencoroso. Tapado con la espuma de ese mar, en una orilla de sábanas de una solitaria playa nevada. Helado. Las sábanas le cubren la cabeza. La magia no existe, el tiempo es mágico. El cielo tiembla y se estremece, el tiempo ha llegado. Las nieves del tiempo llegaron.
Es hora de despertarse.

Si estar más cerca de nuestra muerte, es de celebrar, brindemos.