25 de noviembre de 2006

¿Imaginas?

¿Te imaginas despertar una mañana y descubrir que el mundo a cambiado? Que sales de la calle embriagado por el olor de las flores. Que al pisar la calle no es asfalto husmeado por canes lo que pisas, sino fresca hierba. Caminar por las avenidas sin tropezar con miradas inexpresivas y de desconfianza. Que todas las calles son peatonales. Y el ir a trabajar es como ir a la escuela, porque todos quieren aprender de los demás. Sería fantástico imaginarse un mundo así, ¿verdad? Lamentablemente, no somos capaces ni de imaginarnos ni la mitad. La mayoría se conforma con quedarse viendo morir al mundo por televisión y en los diarios, a la vez que sus cuerpos se retuercen en un1 círculo de vana autosatisfacción egoísta y narcisista acrecentada por la parte infecta del mundo; el pus que brota en los corazones de las grandes ciudades son el profiláctico de las heridas a las cuales impide sanar. Las bacterias que danzan al compás del dolor en armoniosas formas amorfas, haciendo que cada avance sea una poesía única e irrepetible, que deja estupefactos y deleitados a todo aquel que aprecia las cosas por su forma sin pensar en las consecuencias que conllevan. Vivimos en una1 poesía visual, carente de una1 razón existencial y de la cual no podemos escapar. Sería bonito imaginar que no es así, ¿verdad?