23 de agosto de 2007

Madura membrillos

Abrió las ventanas de su habitación. Eran las doce del mediodía, el cielo lucía sus mejores galas celestes. Lorenzo se escondía siempre altivo a la espalda de la casa. El aíre era fresco, inusualmente fresco para el mes de agosto. Septiembre le había alcanzado y le había quitado el sitio. Le vino a la memoria la frase de los ancianos sobre el sol “de madura membrillos” y respiró hondo y puro. El sabor del aire lo catapultó en el tiempo y se quedó apoyado con las manos sobre el borde la ventana viendo y sintiendo lo que años atrás era su cotidianeidad. Sintió nostalgia de tiempos no mejores. Abrigó la melancolía de esos inocentes días. Suspiró, y se apartó de la ventana. Dio entonces la espalda a los precoces días de septiembre y a lo que ello simbolizaba. Decide disfrutar de la inocencia que aún le queda.