28 de enero de 2018

Atrapado

Todos estamos atrapados. Atrapados. Eso pensaba Roland todas las mañanas mientras que con un caminar pesado y lento se dirigía inexorablemente a la oficina. A cada paso le azotaba un pensamiento que le llevaba a reflexionar sobre el sentido que todo tenía en su vida y en quienes le rodeaban. Atrapados. Siempre volvía a él la misma conclusión. Atrapados. Atrapados con el miedo. Y al pensar eso, un escalofrío gélido le recorría la espalda como si alguien a quien no puedes ver hubiese sido descubierto, y se supiera amenazado. 

Atrapado con la responsabilidad de trabajar. Atrapado con la tristeza. Atrapado con la desilusión. Atrapado con la decepción. Atrapado con la impotencia. Atrapado en sí mismo. Miedo. Estaba atrapado con el miedo en sí mismo. Con miedo a ser una desilusión, una decepción, a dejar un empleo que lo vuelve triste. Miedo a no volver a trabajar, a no ser feliz. 

Él estaba atrapado. Y como muchos tantos, aún sigue encadenado a sus miedos que le impiden ser feliz, ser libre. Porque nadie le dijo nunca que no tenía porqué ser así, si así no lo quería...

Se sienta en su escritorio, gris, pulsa "Intro".