29 de diciembre de 2020

Sr. Anguinaldo

Sr. Anguinaldo dice...

Después de años de ausencias, desdenes y otras excusas varias e injustificables, vuelvo con mi felicitación para estas festividades.

Que no sé qué tanto haya que celebrar pero bueno, alguna excusa nos inventaremos para que sigan existiendo. 

Os dejo con el señor Anguinaldo, que tenía algo importante que deciros...

15 de noviembre de 2020

¿Quién soy?

"¿Quién soy?"
Se preguntaba en el silencio de la noche, a la hora de las sombras y las brujas. Y la única respuesta era el vacío. Estático, atrapado dentro de su cabeza; inerte, a la espera de una contestación; impasible, expectante de la vida. Sólo el zumbido de la calma en sus oídos, y la pregunta rebotando en la vacuidad de su bóveda craneal.

"¿Quién soy? Cuando no tengo a nadie que me diga quién ser".
Sintiendo la aguja de la ansiedad atravesándole el pecho. Él mismo se respondió con una exhalación ahogada. No fue un quejido, ni tampoco gemido, solo neutralidad y decoro. Solo se puso en un rincón (para no molestar). La respuesta fue su acción muda, irresponsable y cobarde.

"¿Quién soy? Si no me atrevo a ser".
Era miedo y angustia. Indignación y contemplación. Sumisión e indolencia. Era un anacronismo atorado en su propia historia, proyectando mientras veía pasar el tiempo. Una gota de tinta, en donde se había perdido. Gota que contenía varios renglones de su vida, donde todo se mezcla y revolvía sin coherencia ni ritmo. Náufrago de su propia historia, devorado por un mar de tinta y destino.

"¿Quién soy? Ahora ya no quiero ser lo que era".
La noche y el silencio le respondieron. Le costó varias horas en la oscuridad hasta que empezó a oír con claridad, el impacto de los centenares de granitos de arena con los que se mide el tiempo. Y en su mente podía disponer como quisiera de esos minerales temporales fragmentados; ya fuera para levantar muros y blindarse de su pasado, o para pavimentar un camino y trazar su senda. La nada le recordó que es ahora lo único que era, y que ser no era cuestión de tiempo sino el saber qué hacer con ese tiempo que no es contrato sino papel en blanco.

Y si en mitad de la noche, lo veía todo negro. Era quizá porque no estaba centrando sus sentidos, entendiendo su vida como un lienzo sobre el que plasmarse. Probablemente estaba más concentrado en la tinta negra de la noche, y en las múltiples y enfermizas posibilidades de esta, olvidándose que no importaría cuán perfecta fuera la decisión si cuando llegase el momento de dejar huella, el lienzo estaría marchito y no soportaría la mancha...

"¿Quién soy? Soy yo, y eso debería ser suficiente".

31 de octubre de 2020

El viajero

Desde la ventana de mi casa veo cómo se extiende hasta un horizonte contaminado la vasta urbe de los aztecas. Llueve, un mes y medio lloviendo en agosto puede ser perturbador para un isleño, en verano y en una montaña de hormigón.

En estos días me da por pensar mucho. Porque de forma natural te arrebatan lo que siempre ha sido natural para uno mismo. No sé si me entendéis. A veces viajar es como el mito de Ícaro. Que no basta con llegar y conseguir volar, alto y lejos, sino que también tenemos que intentar alcanzar el sol, con las terribles consecuencias que ello conlleva.

Yo he viajado mucho, ¿saben? Pero sólo he sido viajero una vez. Háganme el favor de no confundírseme porque no es lo mismo viajar que ser viajero.

A un viajero le atavían siempre las lágrimas, los abrazos y la ilusión. El viajero es agridulce por naturaleza. Ser viajero no es apto para paladares delicados. A veces son tragos de azúcar, otros de arenas, y en muchas ocasiones el mezcal ayuda a que uno u otro pasen con extraordinaria facilidad.

Yo he sido viajero. Bueno, ahora mismo soy un viajero. Me acuerdo de mi primera despedida. Despedida de verdad. De esas de me voy y ya volveré. Como las de antes, como las buenas, que cuando aquellos volvían te llenaban de fascinantes anécdotas.

Mi primera despedida fue con mi madre y mi hermana pequeña, junto a un autobús que me llevaría al mar. Ambas lloraban. Como si me fuera a la guerra. Como si existiera la palpable posibilidad de que no me volvieran a ver…

No fue hasta que me subí al autobús y las perdí de vista por la ventana hasta que me cayó el veinte de la situación. Es una pena que la gente no se comporte así siempre. Aquella semana sentí el amor que le gustaría recibir a todos diariamente. Qué pena que sólo lo dan en ocasiones puntuales, son esos toques de atención que te dan para recordarte: "Eh, vuelve, que sino mira lo que te pierdes".
Uno se sube al avión y piensa: "No sabéis lo que os perdéis vosotros".

Hay veces que ser viajero es ser un marginado. Por lo general nunca es así, pero a veces pasa. A mí me pasó. Cuatro años y una sola visita. Ni padres, ni hermanas (bueno, sólo una de ellas), ni amigos… De verdad que eso te puede hacer sentir marginado. Solo. Y cuando digo solo me refiero a que no tienes el apoyo de la gente cercana, tu gente, que en lugar de decirte: "¡Hey! ¿Cómo estás?". Te dicen: "Hey, ¿cuando vuelves?". No es fácil. En especial, cuando ves a tus amigos, viajeros como tú también, que no paran de recibir visitas de sus amigos y familia.
No mi silencioso público. No es fácil.

Pero… Ahí es cuando uno se sabe viajero y, como un náufrago en una isla desierta, comienza a crearse un nuevo hogar. Y no es fácil, porque uno debe de sortear el racismo, que es para todos igual. Pero con los meses, uno empieza a integrarse en su nueva casa, conoce gente y a decir verdad mucha te decepciona. ¿Pero a quién no le han decepcionado de esa manera? Pasan los meses y todo obtiene un mejor color. Aunque siempre tienes la certeza de que el hueco que queda nunca se termina de llenar.

(Texto extraviado y rescatado del 2012)

Viajar

Viajar.
¿Alguna vez os habéis preguntado lo que realmente significa?La vida en sí misma es un viaje. Íres y venires, algunos largos, inmensamente largos, otros cortos, tan sumamente cortos, que los despreciamos sin considerarlos como tal.

Viajar es abandonarse.
Viajar es entregarse.
Uno abandona su vida implantada y se entrega a la semilla de su corazón.

Viajar, marchar, partir, volver. Verdaderamente uno nunca vuelve. Cuando decides irte, alejarte de todos, de cada una de las personas que sin darse cuenta te han alentado a alejarte de ellos. Es en ese preciso instante, en el que uno ya se ha ido.
Siempre he creído que el viaje inicia cuando uno ya ha tomado la decisión de irse. Es el viaje inicial de la imaginación y el sueño. Esperanza quizá. Sin embargo, es en muchos casos amargor para los que te rodean.

Viajar. ¿Qué demonios es viajar?
Os lo diré muy fácilmente. Es huir. Huir de la realidad cotidiana. De las responsabilidades. De tu pareja que te maniata. De tu jefe que te castra. De tus amigos que te limitan con sus miedos y tabúes. Es huir. Es querer y saberse libre para hacerlo.

Para nosotros, los viajeros, los que tenemos el corazón partido. Que somos como los niños, que no son capaces de escoger entre papá o mamá. Nómadas contemporáneos.
A veces pienso que nací en la época equivocada. Nuestros abuelos eran mucho más nómadas que nosotros, y probablemente los suyos más que ellos. Seguro que habían razones para ello: política, guerra, hambre, crisis. Espera. ¿Estoy hablando en tiempo pasado?

Para los viajeros un viaje es como un segmento, igual que en la primaria, de A hasta B. Nosotros, que por lo general vivimos con calderilla en los bolsillos, realizamos el viaje entre A y B sin ataduras. No es el destino nuestro viaje, sino lo que sucede en lo que llegamos a él. Puedo deciros que tanto A como B son mis casas. Si bien una es como la casa de mis padres y la otra como la casa de la playa. Lo enriquecedor, lo verdaderamente adictivo, es lo que pasa entre esos dos puntos, en la que la única diferencia con nuestra infancia es que nunca los une una línea recta.

(Texto extraviado y rescatado del 2012)

24 de mayo de 2020

Vivacittà

Le había perdido el respeto a la ciudad. Ya no la temía más. Se adentraba cada vez más en ella, perdiéndose y encontrándose una y otra vez. Se había vuelto intrépida, ¿pero a qué precio? Cada expedición se había vuelto más prolongada, más profunda, o más solitaria. Con el tiempo empezó a perder la constancia de los reportes, y hacía sus incursiones cada vez más misteriosas y secretas. A medida que su miedo era devorado por la ciudad, ella cada vez más se volvía una con ésta.

De esta forma transcurrieron los días y las semanas. Las horas se llenaron de silencios y vacíos en sus ausencias. Su apetito por conocer una ciudad hasta ahora desconocida, había despertado y era insaciable.

Para entonces ya había descubierto el biorritmo de la ciudad; surcó sus arterias dejándose llevar, respiraba en sus pulmones redes y no negros de contaminación, palpitaba con la vida de las calles con sus habitantes coexistiendo en armonía, se le iluminaba los ojos en la oscuridad y poco a poco, empezó a enamorarse de la bestia de asfalto.

Cuando volvía a casa, callaba, contenía en ella misma el ruido, el caos, la vida de la metrópoli. Era demasiado que digerir. Incapaz de compartir nada, era su ciudad. Y ahora, también, empezaba a sentirse parte de ella.

Después de meses de adentrarse en la jungla hipodámica y modernista, una noche ya no regresó. A la mañana siguiente, no dio señales de vida. Esa misma noche dejó una nota en la puerta donde rezaba "No te preocupes, estoy bien, ahora soy una con la ciudad".

No se supo más de ella. Con el tiempo se la volvió a ver por toda la urbe de distintas formas: en graffitis, en las baldosas de las calles y casas, en las cortezas de los árboles, en la crema de los cafés, en la espuma de la playa, a retales entre luces estroboscópicas,... Había logrado fundirse con la capital, era la viva imagen de la ciudad, y con eso ella era feliz.

17 de mayo de 2020

Necesito más espacio

We need more space


Pasé tanto tiempo flotando en el espacio exterior... sin conocer lo que era arriba y lo que se entendía como abajo. Una mancha blanca sobre un lienzo negro en donde para brillar solo tenía que abrir los ojos e iluminar la realidad.

Pasé tanto tiempo jugando con las gravedades de tantos cuerpos celestes que moverse significaba bailar con las estrellas y quemarse en sus cuerpos celestes...

He pasado tanto tiempo sin despegar los pies del suelo que ya no sé lo que es soñar despierto y amanecer a cualquier hora, sobre cualquier galaxia salvaje recién explorada.

He pasado tanto tiempo sobre la misma rotación que ya solo pienso en una sola cosa... Necesito más espacio.