Amor, aquella mierda que llamamos amor
¿Qué coño es eso del amor? Es la necesidad de follar excusándote. Necesidad de no sentirte solo durante unos instantes, por eso siempre es bien recibido, pero luego te deja vacío. Sólo dura unos instantes, lo que dura copular, lo que hoy en día diríamos FOLLAR.
Luego los que están casados son entes antinaturales. Las teorías científicas demuestran que el “amor” entre animales únicamente dura tres años, pasados éstos el vínculo amoroso se rompe y cada parte busca otras motivaciones.
Ergo tres años no llenan.
¿Cuáles son las necesidades de la fauna urbana?
1. La cría de un buen ganado puede generar una gran exportación de carne en el mercado global.
2. La soledad está bien, vale, pero sin abusar.
3. El mismo rabo del botijo cansa. Un mismo pescado, aunque bien lavado, indigesta.
4. A mi me daban dos, pero siempre pedía un tercero.
5. y tres son multitud, pero siempre bienvenidos.
6. ¿Desde cuando los orgasmos son comprensión? ¿Cómo puedes entender lo que te digo si te estoy tapando la boca para que no chilles?
7. El sexo es como el alcohol, una vez te lo has tomado te olvidas del resto.
8. Si quieres cariño no me lo pidas después.
9. Al caso ni caso. Y si no hay caso por si a caso hazle caso.
10. Como último mandamiento si me exiges te miento.
Amén.
Hablemos de la Inquisición, y de los QUEMADOS. ¿Cuántas veces os habéis encontrado en urgencias con el 3er grado de quemaduras? Suponemos que la gran mayoría (the vast majority) ya son ceniza.
Por ello, y como Nietzsche postulaba: “de noche todos los gatos pardos”. Así no es anormal salir de fiesta y encontrarte a quinientos moscardones revoloteando a tu alrededor pidiéndote fuego, como si de por sí no fueran suficientemente chamuscaos.
¡Aleluya! La PACHAMAMA te da la posibilidad de elegir, te pone en bandeja la supervivencias de las especies. No olvidemos que venimos de las monas, nos alimentamos de bananas. So, seleccionamos laS más nutritivaS, ya sea por su volumen o por su durabilidad alimenticia. Dura y madura.
Volviendo al tema: la Inquisición… ¡Ay, perdón!
LAS INQUISIDORAS. Aquéllas peligrosas amazonas sibaritas, capaces de arrancar tu cabeza por tener tu labia. Aquéllas insatisfechas que cambian de hombre como de bragas. ¿Qué os vamos a contar que no sepáis ya? Bueno si, una cosa, su contorsionismo puede poner en peligro tu alineamiento vertebral, e incluso puede hacerte perder la cabeza, así que QUÉMALAS. Mátalas antes de que te hechicen con una falsa relación estable.
Sino de golpe te verás envuelto o envuelta en una secuencia irrefrenable por egoístas sentimientos de posesión, condenándote a pena de muerte, sexual claro.
Te exigirán cariño, después. Te cansarás de la misma dieta, banana-sushi. Te exigirán ser despertador biológico. Tendrás que argumentar tu búsqueda de comprensión, de cariño, de tu variado paladar, para luego soportar la angustiosa frase: “ Esta noche salgo”, y pensar que todos son igual que tu. Al cabo de unas semanas te dirán que no pueden enamorarse de ti, y que se te cortó el grifo, empieza la fase de ignición.
Si quieres odiarle no le tengas piedad, ¡oh gran Sabina, cuán sabia razón tienes! Cuéntale lo que haces y cómo te lo hacen, de bien.
Conclusión: Estamos reflexionando y pensamos que tenemos que replantearnos el concepto AMOR. No, ustedes no, NOSOTROS. Debemos replantearnos, o no lo conocimos aún, o se nos olvidó la noche siguiente.
Con mucho amor, PIXY y FLISMY.
20 de febrero de 2007
Qahwah
A ese líquido terroso, con ese aliento rudo que hipnotiza el alma y los sentidos. Gira sobre sí, y luego vuelve en sí, para entrar en mí. Ese guerrero negro que halla aliados en las mañanas y fugas en las medias mañanas y tardes. Aliado de las noches furtivas, estandarte de la lucidez mental. Compañero de fatigas y desvelos. Invasor de los territorios blancos. Estimulante de mi sistema solar. Cada vez que nos besamos soy yo quien forma parte de ti, eres tú quien forma parte de mi. A ti que naces en tierras foráneas y mueres en cuencos olvidados del mundo, a ti te dedico estas líneas, que sin ti ellas no existirían hoy ni tú ahora sin ellas.
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Fhil Navarro
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Despertares
La luz se fragmenta por los huecos de la persiana proyectándose en el cuerpo de Al. Se sienta desnudo a los pies de la cama, y enciende el radiador a sus pies para templar el cuerpo, es la tercera noche en que no siente nada al despertar, sólo vacío. Entre pensamientos se queda embobado viendo como la luz le quema la piel y se toca para sentir lo que realmente cree ver. Un suspiro da pie a la iniciativa y se dirige al baño, cierra la ventana del patio interior para tener una ahumada intimidad y se ducha. Con dos toallas se seca el pelo y el cuerpo, y se mira en el espejo: esas ojeras ya no se irán. Sale, se viste y coge de la despensa un par de bollos y se marcha. En la calle el invierno ha causado estragos a la naturaleza y los árboles están desnudos contra el frío. Al cruzar la calle una gitane del Este le pide algo para comer, Al le da sus bollos. Sigue su dirección sin pausa, ya forma parte de la energía de la ciudad, de la presión agitada a punto de estallar, de la masa informe voluble y volátil. Tras un recorrido de miradas intimidadoras e instigadoras finalmente pulsa el timbre. Un
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Fhil Navarro
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Desiertos azules
Convive cada día lejos de su patria entre los sólidos cimientos que le guían como un ratón de laboratorio por las calles de la gran ciudad. Los edificios se atreven con arrogancia a rascar los cielos; sus actos pasan desapercibidos entre los otros tantos que se producen instantáneamente. Desde la ventana de su despacho tiene la gran suerte de ver el mar, aunque sea en cuatricromía e intente venderle un wolkswagen, le recuerda a su tierra. Recuerda las tardes de primavera corriendo hacia la playa fumando sus primeros cigarrillos en clan. Los saltos de verano en las rocas y la espuma blanca del coraje. Del carácter embravecido en los tempestuosos días de invierno. Y como en verano cogía su barquita azul que heredó de su abuelo y se introducía en el desierto azul. Y su mirada surcaba sobre las dunas salobres que se extendían sobre el azulado espejo. Había que procurar no distraerse pues el desierto azul, era un desierto móvil y a la que uno se distraía era suficiente como para desaparecer durante varios días. Allí fue en las tardes en las que se quedaba viendo el atardecer donde aprendió a sobrevivir ante la adversidad siempre que se proponía volver a casa. Ahora tan sólo le queda el recuerdo de su pasado y la imagen que le da los buenos días al levantar la persiana que le recuerda aquellos días de días y mares azules que tiñen sus días y almohadas grises.
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Fhil Navarro
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Tú y yo
Yo te doy, tú me das. Tú me das, yo te doy. Ay, qué aburrido siempre igual; tú te agachas y yo suspiro, yo me agacho y tú me silbas. Yo te miro y tú me miras, tú me miras y yo no te miro, yo te miro y tú no me miras. Si hablo te callas, si te hablo me cortas, si me hablas te escucho. En el ascensor nos miramos, si no te veo te busco, si no me ves me buscas. Tú me pides lo que no soy y yo sólo quiero lo que tú eres. Algún día seré lo que tu quieres y yo no te querré. Hasta entonces seguiremos siendo esos extraños opuestos que se atraen mutuamente desde las esquinas de la oficina.
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Fhil Navarro
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2 de febrero de 2007
DQ18 - La niña dragón
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Fhil Navarro
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2 de enero de 2007
DQ18 Exclusiva
Office
En la soledad de mi oficina. Enfrentado a mi teclado. Iniciamos un diálogo que se disfraza de monólogo. Por un lado yo: la máquina, por otro el teclado: la emoción. Dos entes distintos, uno dominante y otro sublevado. Desde el rincón en el que habita mi oficina, la oscuridad precede al estallido sonoro de teclas y murmullos. Y desde un punto concreto de la negrura emerge disonante la revolución de las ideas. Entre el tap, tap, TAP de las teclas, se sienten gritos lejanos de los principios olvidados. Y desde el Tártaro hace gala toda una titanomaquia entre titán y titánide. Encarnizada lucha socrática y banal. La semántica mana con tanta fluidez como la contundencia de los significantes. El entorno se desvanece ante la dureza de las teclas y de la irritación de la luz que proyecta la pantalla. El diálogo se torna encarnizado, pues entra en juego la liberación del imaginario. Fantasmas brotan y sobrepasan los rayos catódicos. Pasiones reprimidas eclosionan en el hueco vacío de la estancia. La cólera del engañado amamanta el rencor que crece sangriento sobre la verdad y la justicia inalterable, ciega. La salita se convertirá en un telenoticias personal y transferible que sin pudor muestra las vejaciones del ser. Pero la emoción consciente de su verdadero talante pinta falsas realidades que permiten la tregua intermitente, lo justo para un respiro. Hasta que el TAP TAP TAP violento estalla sobre la armonía esposando al teclado en la mesa, privando la libertad de soñar, volar, brotar y defenderse. La dialéctica se convirtió en sermón. Y en un intento ahogado de última voluntad la emoción morirá para dejar en blanco su espacio. Y la soledad y los heridos y los muertos y los civiles y los desastres de la razón decoran la oficina habiendo derrocado cualquier imagen que pudiera recordar a la dictadura de la emoción.
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Fhil Navarro
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