Traslúcido
A estas alturas, el Averno y Virgilio me importan muy poco. Camina conmigo.
Se armó de valor. La miraba de forma que parecía que con sólo respirar se la merendaría. Pero se armó de valor. Introdujo la mano en su boca hasta dar con ella.
Ronroneando le lamió la cara.
de
Fhil Navarro
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¿Dónde estarán? Montañas de libros, mares de apuntes y playas de migas de galleta… Ocultaban lo que su búsqueda anhelaba. Se sentó y continuó leyendo.
Lo encontró en el último punto.
de
Fhil Navarro
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Blandí mi pluma contra mil monstruos, por nobles causas, por nobles amores. Escribí flores bermellones y rosas negras que brillaban en la oscuridad para anularla. Relaté hazañas que a la espesa noche atemorizaba y las criaturas malvadas respetaban. Mi pluma, grácil y veloz sangraba consonantes y vocales; altisonantes, cavernosas; sílabas, palabras, frases, exclamaciones, interrogaciones, entonaciones, canciones… Canciones, cantares… pesares. Mi pluma abatió a los demonios más grandes del inframundo y esgrimió las palabras de los grandes, los pensamientos de los respetables. Mi pluma al servicio de un noble reino, inexistente, alterno, nómada. Empuño mi pluma y flores marchitas son las que describe. Bestias irreales, imbatibles surgen de ella. Torres infinitas, inalcanzables. Príncipes con princesas que al ser rescatadas encuentran muertas. Mi pluma muerta, de tinta infecta. Pluma infecta de miedos y tristeza, pluma muerta. Ríos tintados de temor, tinte de héroes extintos. Emponzoñada tinta de mi pluma exangüe, pluma exánime.
de
Fhil Navarro
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Sin tu calor junto mi almohada no habrá más mañana.
Ya te lo dije ayer.
de
Fhil Navarro
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Cierro los ojos y el mundo muere;
Levanto los párpados y nace todo nuevamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
Sin sentir galopa la negrura:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Soñé que me hechizabas en la cama
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
Escapan serafines y soldados de satán:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Imaginé que volverías como dijiste,
Pero crecí y olvidé tu nombre.
(Creo que te inventé en mi mente).
Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
Cierro los ojos y el mundo muere.
(Creo que te inventé en mi mente).
Sylvia Plath
de
Fhil Navarro
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Esta noche he muerto por tercera vez en dos meses. La sensación es siempre la misma, frío. Estoy esperando a que llegue el gran día para contrastarlas, me imagino que la última debe ser más espectacular, pues se juntan dos, la del alma que ya sabe lo que se hace y la palpable muerte física, que siempre es más dramática. Esta noche he muerto por tercera vez en dos meses; y nadie se ha dado cuenta. Me he quedado inerte, silencioso y nadie ha intentado ni reanimarme. He sido un fotograma catódico, rutinario, al que nadie ha mirado ni tan siquiera con desprecio. Y durante, nieve en mi corazón. Esta noche he muerto por tercera vez en dos meses. Me pregunto cuantas veces se puede morir sin morirse. Cuan independiente es el cuerpo del alma y si realmente sirve de algo resistir. Creo que sí. Mientras, el invierno que se instala en mi corazón y mi testa cenicienta esperan a una primavera que no llega. Esperando que ya envejecido, curtido, aderezado con la vida, vuelva a brillar en mi el joven que una vez fui. Esta noche he muerto por tercera vez en dos meses y el niño que había en mi… no lo ha podido resistir.
de
Fhil Navarro
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