21 de septiembre de 2010

7 de septiembre de 2010

Certero a quemarropa


Gracias Inés!
PS: las matemáticas aplicadas argumentan que...
2+7=9 (no tengo más que decir).

27 de agosto de 2010

Diálogos célebres I

F: Gabo, tengo una incongruencia.
G: ¿El qué? ¿Cómo puedes tener genitales masculinos siendo tan maricón?
(...)

23 de agosto de 2010


Ni los héroes sobreviven a la pubertad...

22 de agosto de 2010

Platos rotos


Después de que te fuiste sólo quedaron las sobras. Los restos de aquella comida de verano. El vino con casera, ya sin gas, las migas de pan sobre el mantel de tela a cuadros rojos, y los platos apilados aún con olor a café. La tarde azul, con una suave brisa olor a salitre, y la sensación antónima de tu ausencia. La sobremesa más amarga que hubo probado. El castillo de naipes se desmoronó ante mí. En ese momento sólo fui capaz de fijar mi mirada en el cigarrillo que se consumía lentamente entre mis dedos, y el humo que danzaba agitado al son de sus voces. Tomé de un trago lo poco que quedaba del café solo que tenía en la mesa. Carlos, en apariencia de tranquilidad incontenida empezó a apilar los platos con ligera violencia. Y Claudia, con su última sentencia provocó que algo se rompiera. El grito de furia ahogado terminó con un portazo tan esperado que no produjo ninguna otra sensación que la del silencio, como el de después de una tormenta de estío. Encendí otro cigarrillo y a grandes caladas me tragué los malos humos esperando a que el ambiente recuperara la serenidad de la hora de la siesta. Al estrellar el cenicero contra el cigarrillo, me levanté, me despedí de Carlos y salí por la misma puerta en la que lo había hecho anteriormente Claudia. Dejando atrás el caos de un orden recientemente alterado y algunos platos rotos que recoger, o en el mejor de los casos, que arreglar.

16 de agosto de 2010

15 de agosto de 2010

El experimento

Hizo el experimento:
Sacó la mano por la ventana y soltó la pluma. Grácil, se mantuvo en el aire pareciendo que caía al principio hacia un final predecible, y al pronto se alzó, se elevó y avanzó. La observó esperando que cayera inerte sobre el suelo de la calle o hasta que alguien le diera por manotearla. Pero no fue así, siguió su nueva libertad, llegó a la esquina y la volteó desapareciendo de su memoria.

Se quedó pensativo. El experimento le daba la razón. Los pájaros no podían volar, eran las plumas quienes volaban. Ahora se preguntaba, ¿cómo iba a dar a conocer la noticia al mundo?