Japón en estos días está sufriendo. Al igual que lo hiciera Chile o Haití, de los que ya nadie se acuerda. No voy hacer nada para ayudar, primero porque no quiero y segundo porque no puedo. Pero si alguien de los medios lee esto, por favor, el sensacionalismo no ayuda a ningún país en una crisis así.
Pues ya está, bueno de hecho hace mucho que ya estaban, pero entre que uno digitaliza, trabaja, viaja, vuelve de viaje, enferma, se recupera, vuelve a enfermar, busca trabajo, no encuentra trabajo y tal no le había terminado de dedicar el tiempo que se merecía. Año y medio he estado con estos monstruitos, evidentemente dedicándoles poquito tiempo, eso y que también me robaron de por medio y esas cosas. Creo que al final, todo ha acabado bien. Ahora están buscando dónde exponer y también buscan casa.
Los que no estáis cerca, es decir, en México en estos momentos de mi vida podéis haceros con el ejemplar que más os guste por Society6. A los que andéis por mis rumbos (que más que menos) contactadme y vemos cómo arreglamos para haceros llegar el ejemplar, y esas cosas. Ahora si queréis verlos todos, los encontráis en dos sitios: Flickr y Society6 (Tienda).
Espero que os gusten, y sino... pues ajo y agua, porque son mis hijos, ya serán feos, deformes, dementes, y sabe dios qué más pero no puedo evitar quererlos. Esto fue, Monstruosa Adolescencia. [Desarrollando proyecto nuevo...]
Ya está terminada, la exposición de Monstruosa Adolescencia. Ahora me falta lugar para exponer, pero eso terminará apareciendo tarde o temprano. Esta es Elizabeth, la novia de Franky Jr., ella es uno de los quince monstruos que conforman la colección. Y qué puedo decir de ella si simplemente me encanta.
Por que no es fácil irse lejos y dejar a todos caminado hacia otra dirección. Ley de vida, supongo. Pero hay que reconocer que se les echa de menos. No lo pude evitar, esta gente se merece un post.
¡Ese Dani!
Los más viejunos que conozco, Elena y Santi. ¡Qué grandes!
Los olvidados. Inés y Lluc (y pareja).
Bueno... Siempre se cuela algún Pixy en estas cosas.
Quizás sea que hablo de todas. O de una en concreto, o quizás sólo de varias, tal vez de ninguna porque soy un romántico estúpido y me gustan este tipo de canciones. Puede que me sienta identificado con el desgraciado y patetico protagonista de la canción. Quizá porque habla de mí mismo.
Aclarado esto, malvados espías de mi blog es igual a mi vida privada (afirmación errónea), quiero seguir.
Saltar a la comba.
Ver la ventana como una salida es cosa de cobardes. Eso decía siempre Martín. Esa noche se tiró de un quinto piso y el muy idiota tuvo que pagar el capó de un coche y siete meses de recuperación por su pierna rota. La verdad, el tipo fue valiente. Porque querer suicidarse y encima cuando ya estás echó mierda (porque es de la única forma que puedes quedar después de caer de un quinto piso) tener las ganas de no morirte, es sencillamente admirable por muy estúpido que suene en conjunto. Martín era un valiente, un cobarde, pero un valiente. Qué pena que su valentía era tan inestable. Un año después de su salto del ángel, desatinado, se cortó las venas en el baño de la casa de su mejor amigo... En ocasiones me alegro de no haber sido "su mejor amigo". La cuestión es que ahora soy como Martín, veo la ventana como una salida. Menos mal que soy un cobarde, no como Martín. Bueno, un cobarde y un sabio. Porque ya no salto a la comba con mi sobrina, la última vez que se me ocurrió hacerlo no paró de preguntarme porqué hacía tanto ruido al saltar. Yo le dije que de las veces que me habían roto el corazón, ipso facto me abrazó; qué vergüenza. Sin embargo, no paro de pensar en Martín, cuanta tenacidad. Mientras que yo, el cobarde, mirando la ventana y los coincidentes cinco pisos que me separan del suelo como una salida, me siento valiente, me siento Martín. Por suerte soy cobarde y sabio, y mi cartera es muy miserable como para pagar un capó de coche. Pero ahora que lo pienso, esos "valientes" o "cobardes" son mi ejemplo a seguir (salvo su fatídico desenlace). Martín se lanzó a la dura realidad por Marta. Se cortó la vida por Julia. Pero él, él era un valiente. Él se entregaba, y ellas pues no lo sé. Yo sigo siendo un cobarde, y espero seguir siéndolo porque me va bien así. Pero también soy sabio, y por eso aprendí de Martín. Por eso, aunque no me tire, siempre termino viendo la ventana como una salida. Martín sólo se equivocó en una cosa. No tirarse es lo que es de cobardes, por eso soy lo que soy, y por eso me va bien. Pero aún así me duele el abrazo de mi sobrina, porque desde ese día suena más a roto por dentro; y ya no salto con ella a la comba.
PS: El grupo se llama Karenin, el disco La verdad era esto. Según mi mejor amigo Dancubus, es muy yo: melancólico. La verdad no sé si es así, sólo sé que es uno de esos descubrimientos que no te cambian la vida pero cómo sonríes al escucharlo. Yo lo recomiendo encarecidamente. Feliz no San Valentín.
Sombras del alba, nació de un cuento que escribí hace ya mucho tiempo. Aquí lo dejo para quién quiera saciar su curiosidad y quiera leer un texto que si no fuera así, nadie lo leería. El texto se titula Al alba, es una reescritura de Fausto de Goethe, hecha allá por el 2005.
Haz lo que quieras...
Soy esa línea escrita a lápiz mil y una vez sobre mil y un repasos de goma. Ese enigma reescrito demasiadas veces, tantas que ya no se distinguen sus principios de sus desenlaces.
Cansado de intentar agradar a los demás, y agotado de las decepciones que dejo que me causen. Soy un final incierto de un cuento olvidado.
Ya no escribo como antes, ya no vomito, estoy vacío. Ahora sólo hay bilis y noches de insomnio. Pero si te atreves a seguir leyendo quizá puedas alcanzar a ver un pequeño pero verde jardín tras el punto y final.
No esperes conocerme a través de estas líneas, pero en estas líneas, de alguna manera... estoy yo.
Siempre eres bienvenido, aunque no siempre vayas a recibir una cálida bienvenida. Coge aire, expira y lee.
Estás en tu casa.