30 de junio de 2018

La chanson de Prévert



La chanson de Prévert de Serge Gainsbourg

Oh, je voudrais tant que tu te souviennes
Cette chanson était la tienne
C'était ta préférée, je crois
Qu'elle est de Prévert et Kosma

Et chaque fois les feuilles mortes
Te rappellent à mon souvenir
Jour après jour les amours mortes
N'en finissent pas de mourir

Avec d'autres bien sûr, je m'abandonne
Mais leur chanson est monotone
Et peu à peu je m'indiffère
À cela il n'est rien à faire

Car chaque fois, les feuilles mortes
Te rappellent à mon souvenir
Jour après jour les amours mortes
N'en finissent pas de mourir

Peut-on jamais savoir par où commence
Et quand fini l'indifférence?
Passe l'automne, vienne l'hiver
Et que la chanson de Prévert

Cette chanson, Les Feuilles Mortes
S'efface de mon souvenir
Et ce jour là, mes amours mortes
En auront fini de mourir

Et ce jour là, mes amours mortes
En auront fini de mourir

5 latidos por segundo


Aunque simplemente me limite a vivir,
la tristeza se va acumulando a mi alrededor.
En las sábanas tendidas al sol,
en el cepillo de dientes del baño,
sobre los hombros de mis camisas almidonadas...

Acumulada por años en un rincón invisible,
echada a un lado por oportunidades perdidas.
Vivo por inercia,
en modo crucero.
Hacia un destino sin pasión.

Anclado por el pasado,
yendo en círculos no más allá de la cadena que me frena.
Contra mi voluntad me canso de nadar
y cada vez me voy hundiendo un poco
más cada día, en las aguas de la monotonía.

Me quedo dormido mientras mi cuerpo avanza.
La vida se torna un sueño gris,
en donde nada relevante acontece.
Sólo el pasar de la vida, esa vida que
mojamos cada mañana en el café con tristeza.

Mi corazón ha bajado el rendimiento de su motor.
Soy otro espectador del mundo,
el voyeur tras las ventanas temeroso de la vida.
Viviendo a cinco latidos por segundo.
Como ahora que has descubierto a este triste mirón.

13 de abril de 2018

Susurros

Hace no mucho alguien me dedicó estas palabras que con certera pretensión las utilizó para describirme. Como suele pasar, en su momento me hizo gracia, pero es ahora que con el tiempo les doy su dimensión y creo que es ahora que realmente me percato de lo acertadas que eran y creo que siguen siéndolo.

El texto es de José Emilio Pacheco perteneciente a “El espejo de los ecos”. 

29 de marzo de 2018

semi.magnético

Nunca se habían visto. Tampoco se habían cruzado antes en la vida. Cuando uno estaba en un lugar, el otro estaba en el opuesto. Y de haber estado, uno llegaba temprano mientras que el otro siempre tarde. Eran como dos imanes compartiendo el mismo polo magnético, tan iguales, tan compatibles, que se repelían involuntariamente. El suyo era un baile sin igual.

Ambos esperaban, algún día, un encuentro imposible. Inimaginable. Pero sucedió, por un instante ambos se supieron reales, virtuales pero reales. Y exactamente, así como esos dos imanes que comparten polaridad, fueron tocarse y salir disparados en direcciones opuestas.

El tiempo puso más tierra por medio, más océanos, más altitud y nunca más volvieron a compartir moneda, acentos, hábitos de sueño, costumbres, festividades,... Estaban, ahora sí, más lejos que nunca el uno del otro.

La distancia, aunada con el tiempo, hizo brotar el olvido. Y de forma inconsciente, se olvidaron el uno del otro habiéndose habituado a su magnética aversión. De esta forma pasó el tiempo. Éste los fue moldeando a su gusto y antojo, llegando el extremo que les cambió hasta su polaridad. Y así, ignorantes de qué su campo magnético había cambiado, se fueron acercando cada vez más pero sin darse cuenta de ello.

Súbitamente, se vieron compartiendo latitud, huso, aerolíneas, tradiciones, ciudades,... Pero ninguno de los dos se percató. Hasta que un día se encontraron. Se tuvieron enfrente. Se reconocieron. Se dieron cuenta que eran dos extraños. Y aún así se atrajeron, pero también se repelieron. Se dieron cuenta que ya no eran iguales, y sin embargo tampoco eran diferentes.

Sus polaridades estaban tan mezcladas en ellos como su equivalencia magnética, en un estado de semi.magnetismo que les permitió estar ahí. Compartiendo el aire de una misma estancia. Reales de verdad. Iguales, con realidades similares, pero contextos diferentes. Y se vieron, pero de verdad, se supieron existentes. Justo para percatarse que no volvería a suceder. Y al separarse se sintieron atraídos justo para retenerse en el momento en que se repelieron para no volverse a ver.

9 de marzo de 2018

Naufragado


Después del naufragio siempre te quedan varias sensaciones.

Alivio, por haber sobrevivido al naufragio y estar en tierra. Poder respirar aire y no agua se torna lo más reconfortante a primera instancia.

Arena y sal en la boca, por la furia embravecida de un océano con mal carácter. Que mientras te machaca las costillas te empuja para devorarte sin más explicación que un "lugar equivocado en un momento equivocado".

Decepción, porque lo peor no es haber naufragado, si no haber terminado en una isla solo. Porque uno no se es náufrago si no termina a solas consigo mismo y con la decepción en una isla desierta y hostil, que haga que todo termine siendo completamente decepcionante.

Si un día me buscas, aquí es donde me encontrarás. Por que quizás mi destino no era otro que ser aquello que el océano quiso y no quien yo quería ser.

Completamente decepcionante.

26 de febrero de 2018

Despierta

Siempre es en la madrugada cuando se le despertaba el corazón. En mitad de la oscuridad, solo, su corazón lo gritaba a pálpitos. Y despertaba sin tener a quien abrazarse para amortiguar sus latidos. La cama, donde tiempo atrás se hubiera encontrado plena, ahora era un desierto de sal gris, inerte, infértil, desolado. La espesa noche borraba cualquier forma o frontera y se abrían en ella las puertas de los miedos, las inseguridades y, sobretodo, la de la verdad que era inalterable. Y así como perverso moho se sumían en sus sueños hasta que lo arrancaban de él de las formas más disgustantes y perturbadoras. Retornándolo a la vigilia con el pecho tronando en el cielo de su estancia y su sentimiento de desamparo confirmado, por una cama semideshecha y fría.

Sus demonios eran muchos y su salvación sólo una. Como su soledad, que ya sólo le pertenecía a una sola persona.

Esas madrugadas estaban marcadas por insomnes pensamientos representados sobre su lienzo en negro de interminable extensión. La película de su vida se proyectaba una y otra vez con infinidad de variaciones, en ella, los posibles que pudieron ser pero no fueron, para concluir con los que terminaron siendo.

Y así, hasta que llegaron las sombras del alba, cuando la oscuridad se va durmiendo tibia y lentamente dándole por fin la tregua que tanto anhela. Y él se duerme, justo cuando la realidad despierta. Sólo así puede sobrellevar el peso de una verdad que no se quiere ir a dormir y que tampoco se quiere despertar.

20 de febrero de 2018

La oscuridad de mí

En algunas noches renace en mí el ser latente, el aletargado. El que hace muchos años fue. El que se fue o que fingió irse para sobrevivir. Es entonces ahora que despierta y desvela mi descanso. Agita mis pensamientos intentando provocar una frenética insurrección sobre mi mundo. Desatar toda su ira por tantos años condenado a custodiar mi oscuridad. Y casi siempre, lo logra. Desgarra mi realidad con violentos argumentos y deseos, con pensamientos reprimidos, dormidos y descartados. Desmembrando con detenimiento y perversión los pilares de mi realidad, labrada con tanto esfuerzo. Se vuelven ceniza en cuestión de minutos... Retuerce lo que soy hasta que consigue extraer mi esencia, lo que realmente soy: ese ser viscoso y negro, putrefacto y ponzoñoso. Retándome a romper el envase que lo contiene. Y casi siempre, casi me convence. Y cuando ya estoy a punto de hacerlo, soy incapaz. Por muy lógica que suene su voz, por mucho que sus sugerencias me seduzcan, en el fondo sé que tanto estando en mis sombras como estando a la luz, con él a mi lado siempre habrá una oscura soledad. Y es ahí cuando suspiro y cierro los ojos, sabiendo que una noche más vencí al terrible. Aunque también sé que algún día puede que no lo logre y la oscuridad vuelva a apoderarse de mi.