11 de agosto de 2010
10 de agosto de 2010
Huele a nuevo
Un golpe suave pero certero en la nuca lo volvió en sí, abstrayéndolo de su recuerdo. Era ella, con su clásica introducción a su beso. “¡Despistado! Te veo a la noche”, y ella, tal como vino, se fue, cerrando la puerta con suavidad.
Por un instante se perdió en su vacío particular, y enseguida, impulsado se centró en las hojas que tenía en frente dispuesto a sumergirse en aquellas páginas que esperaba que reposaran algún saber desconocido. Cuando se quiso dar cuenta, las páginas que tenía frente a él, se encontraban todas en blanco. Estaba frente a una lección a la que jamás se hubiera imaginado enfrentar…
de
Fhil Navarro
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1 de agosto de 2010
¿Hacia dónde vamos?
Con esta imagen y texto que ayuda a contextualizar un poco, participaré en una exposición colectiva en el Seattle Center en EEUU allá por Noviembre de este año. Espero que cuando tenga fotos del evento en sí las pueda subir. Por el momento la ilustración ya va de camino para allá.
Hacía cosa de unos tres meses que no ilustraba y ya empezaba a preocuparme, por suerte
me surgió la oportunidad con esta organizadora, que por cierto se llama "La muerte ilustrada", y no la quise dejar escapar. No fue fácil hacer una ilustración sobre el bicentenario mexicano sin centrarse en su historia negra (de antes que les conquistaran los españoles, debo añadir). Pero creo que supe llevarlo a buen puerto después de todo, os invito a la reflexión a todos aquellos que celebran su aniversario doscientos, y decidáis hacia dónde vamos...
de
Fhil Navarro
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26 de julio de 2010
La ciudad en llamas
Avancé a tientas en un principio, dejando que mis manos fueran mis ojos; y mis ojos veían que todo ardía. Topé contra una pared, ardiente, rugosa y ruda en apariencia pero suave al tacto como si alguien se encargara de pulir cada milímetro de los edificios. Con torpeza llegué a lo que debía de ser una calle estrecha, lo sentí porque ya no había viento y pude empezar a ver el reino de Rojo, polvóreo desierto que se suspendía y recorría toda la ciudad; y mis pies comenzaban a arder siendo consumido por la arena. Empecé a avanzar observando los altos edificios que terminaban coronados en flamas rojas y me hacían sentir insignificante…
Los letreros estaban escritos en un lenguaje desconocido para mí, rígidos y humeantes de metálico vapor, como recién forjados por Hefesto. Me di cuenta que todos éramos aquel manto rojo ondeando en el desierto. Pronto me encontré con gente del lugar. En la ciudad en llamas, así decidí nombrarla a falta de un nombre mejor, me di cuenta que no habían huellas en el suelo; tan sólo las mías. Sus habitantes habían aprendido a levitar, ninguno avanzaba a la manera que yo lo hacía. Y todos surcaban con fluidez sobre el suelo. Habían aprendido a volar a través de ropajes rojizos oscuros que aprovechaban del vapor que emanaba la tierra. Y así conseguían avanzar sin maltratarse. Todos eran de una tez muy negra, casi parecían ángeles negros, que cualquier temeroso creyente los hubiera confundido con el ejército de Lucifer. Poco más pude observar de ellos, sus vestimentas que les permitía avanzar de la forma en lo que lo hacían les cubría por completo.
El polvo rojo entintaba el blanco de los ojos y todo se convertía en rojos, y el negro el único contraste. Era un pueblo tranquilo. Nadie se atrevió jamás a invadirlo, pues quienes milenios atrás osó en hacerlo cayó preso bajo las llamas rojas del candente polvo, o bien bajo las espadas de sus sigilosos habitantes. Nunca me supieron decir el porqué del horroroso calor, ni de la extraña naturaleza del polvo rojo, pues argüían que nunca les había dañado y que con saberlo no iban ni debían cambiar la naturaleza de las cosas.
Me dieron posada y descanso durante tres días, y cuando me hube recuperado. Me llevaron “volando” hacia los límites de la ciudad y con una cantimplora de agua ardiendo y las instrucciones de regreso al mundo al que pertenecía, se despidieron. Se arrodillaron y apoyando su oído en mi vientre, me desearon buenaventura.
Seguido alzaron levemente su cuerpo del suelo y empezaron a alejarse sin voltear atrás, y yo, solo, di el primer paso. El golpe de aire ardiendo me supo a brisa de verano y comencé a avanzar hacia donde me habían instruido. Y poco a poco, alejándome, fue quedando atrás aquella ciudad en llamas. Que se había convertido en espejismo; y dos días después en ilusión de mi mente….
de
Fhil Navarro
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25 de julio de 2010
21 de junio de 2010
Hablemos (mundial)
Este es, sin duda alguna para mí y para muchos acá en México, el mejor de los anuncios que hay en estos días sobre el mundial.
de
Fhil Navarro
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8 de junio de 2010
- ¿Y no te duele ser un solitario?
- Lo único que me duele es el corazón, y es porque ya está viejo y roto...
de
Fhil Navarro
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