31 de diciembre de 2007
12 de diciembre de 2007
Happy Navidad

Hasta que tenga finalizado mi crisma personal pongo el que realicé para la empresa que me da de comer. Está basado en el dibujo de una niña de 8 años (ver abajo).
Por el momento y hasta una felicitación oficial esto es todo. Prometo volver pronto con ilustraciones y textos nuevos.
Hasta más ver.
de
Fhil Navarro
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10 de noviembre de 2007
Hermano oso

El poblado de Dalion era un lugar próspero, rico en agricultura y ganadería. Los jóvenes que nacían en aquellas tierras eran bendecidos por la madre tierra y fue cuna de lo mayores héroes que jamás existieron entre la raza de los hombres. Hubiese sido el lugar más venturoso de todos si no fuere por la sombra que el valle ejercía sobre Dalion.
Después de la primera luna llena de la floración, el valle se sumergía en una marea parda que zozobraba la sosegada paz de Dalion. Los osos despertaban de su hibernación y el hambre les atraía hasta la fructífera pesca del poblado. Los asedios eran constantes y Dalion para mantener sus necesidades alimenticias puso al frente de su defensa a su generación más joven…
– Vamos Danock. O vas a perder la oportunidad otra vez – gritó un muchacho asomando la cabeza por entre las telas de la tienda.
Danock cogió su arco y su lanza y salió poseído de la tienda. Atravesó el poblado guiado por el sonido de la alarma. Frente a él y tras él, más niños y adolescentes le acompañaban, unos sólo con lanzas otros tan sólo con los arcos y sus flechas. Danock llevaba consigo ambos, y el cuchillo que todos siempre cargaban. Siguió corriendo hasta que ya no pudo más, allí vio al oso más grande que jamás había visto. El rugido le estremeció y se quedó quieto viendo cómo sus hermanos se enfrentaban a él. Entre los gritos y rugidos, se oía cómo le llamaban para que ayudara a abatir a la fiera. Pero se quedó inmóvil. Diez minutos después el oso cayó rendido y el pueblo volvió a la paz.
Danock era el único joven de toda la aldea que no había dado muerte nunca a ningún oso, era un joven intrépido y aguerrido pero jamás fue capaz de abatir a ningún oso.
Los adultos, cuando se enteraban del asedio, hacían una celebración y despellejaban al animal siendo el anfitrión de la cena su verdugo y la piel del oso.
Una noche de sin luna, las estrellas merodeaban campantes por la bóveda austral. Tan sólo algunos grillos y el croar de la ranas que sólo se silenciaban para acallar a los grillos, rompían la serena noche constelada.
Un temblor en la tierra despertó a todo el poblado haciendo salir a todos de sus tiendas con las antorchas prendidas para encender las hogueras. De repente algo oscuro, cayó del cielo aterrizando y reventando una de las tiendas. El pánico comenzó a propagarse y nadie fue capaz de reaccionar. No paraban de caer cosas hasta que una de éstas cayó próxima a la más anciana del lugar; anunció que era el dios de los osos furibundo por los suyos. El pavor se extendió con más gana.
Danock, adormecido salió de la tienda e inmediatamente se equipó dirigiéndose a una de las patas por la que comenzó a escalar por entre su pelaje. Constantemente recibía sacudidas hasta que trepó por su muslo y alcanzó el lomo. Estaba realmente alto y podía escuchar como su gente gritaba. Tomó su lanza y avanzó rápido hasta el cuello del animal. Torpemente consiguió llegar, pues incesablemente saltaba y se agitaba. Se irguió y tomando la lanza con sus dos manos la clavó en la nuca del coloso. Emitió un ronquido terrible que paralizó al mundo. Alzó su cuerpo sobre sus patas traseras y empezó a caer hacia atrás mientras su cuerpo reducía su tamaño. Danock, rápido y con las pocas fuerzas que le quedaban tuvo esforzarse por llegar a la panza para protegerse. Pocos segundos después el oso se estrelló en el centro del poblado. Todos rodearon polvadera que envolvía al animal, expectantes. Y de entre la nube de tierra apareció Danock cargando al dios oso.
Todos estallaron en alegría y celebraron su supervivencia.
Dalion y Danock desaparecieron con el dios oso siete soles más tarde.
Para Dani, que es como mi hermano oso.
Felicidades por esos 27.
30/10/2007
de
Fhil Navarro
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19 de octubre de 2007
¿No dices que por mi harías cualquier cosa?
Hazte una mamografía. Hoy (y siempre) contra el cáncer de mama.
de
Fhil Navarro
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11 de octubre de 2007
Facto Delafé y las flores azules
Mmm, qué bien suenan. Un directo en la presentación de su nuevo disco "la luz de la mañana" en fnac de diagonal mar en Barcelona.
de
Fhil Navarro
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8 de octubre de 2007
El Coco

El Coco, era aquel monstruo que me asustaba en el pasillo de mi casa, ahora que me he mudado, él también lo ha hecho. Y se ha quedado en sombras del alba para tenerme controlado (qué majo ¬_¬' ).
Una colaboración para la web y sus pequeños proyectos participativos de Cristian Jiménez Lora.
de
Fhil Navarro
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1 de octubre de 2007
Penumbra
Todo era paz. El silencio acataba las órdenes del tiempo y permanecía inmóvil. La luminiscencia del cuadro rompía la quietud de la insomne tarde, cansada. Sobre la cama me sumí inerte ante todo. Ya fueran los estallidos del tiempo retrógrado, que en las calles gritaban por un paso libre, o los espíritus que en mi entorno, en distintas frecuencias a ésta, mi existencia, susurraban sobre mi permanencia impasible ante ellos, ante todo. Fui testigo por vez primera del tiempo, percibí cómo era devorado por éste. Acurrucado en el centro de mi lecho, desprovisto de imaginaria protección me quedé feto. La habitación empezó a sumergirse en las tinieblas. El cuadro cesó su luz. Yo, expectante a la nada. Y todo se volvía penumbra; no era luz, mas tampoco era oscuridad. De lo que podía apreciar nada parecía real y sin embargo lo que sucedía tenía repercusiones. Cerré los ojos y me adentré como un Dante sin guía al infierno de mi mente. Los círculos se precipitaban bajo mis pies y yo descendía sin comprender un regreso posible. Asumido en lo que creí ser mi perdición una luz blanca hizo zozobrar a la oscuridad y me exorcizó de mí mismo. Volví a la superficie de mi cama y sentí como mi cuerpo se había enfriado y entumecido; había estado muerto. Fueron varias las veces las que me hundí en mis infiernos y una menos la que fui rescatado.
Sólo los bisbiseos del otro lado devolvieron mi cuerpo a la vida; pero qué vida, si yo me encuentro entre ellos.
de
Fhil Navarro
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