3 de junio de 2014

El libro

Había un libro dentro de él. Sabía de él e incluso de su historia. Pero ignoraba los matices, los suspensos, los ascensos, los descensos,...

En varias ocasiones había intentado contárselo al mundo, hacer saber que en él rugen la poesía más intensa y la más vibrante prosa. Que tras su gélido silencio y su racional proceder latía en él una obra maestra de la literatura del hombre. Pero a la hora de hacerlo, las palabras huían de sus dedos, de sus labios. La prosa se convertía en tosca y la poesía arrítmica y desmedida. Las hazañas en simples anécdotas y lo trascendental en un simple acontecimiento. Y así, fruto del desaliento decidió involuntariamente y sin darse cuenta dejar de intentar de escribir su gran libro.

A veces las páginas en blanco de un libro no están de más. 

Un día, mucho después de sus sueños de escritor, sin pensarlo recordó su anhelo por transcribir su gran libro. Y fue entonces que empezó a listar, nuevamente, los acontecimientos, personajes, historias en segundo plano, (...), de su libro. Y fue en ese momento, en ese mismo instante ni antes ni después, donde su gran libro le habló (por primera y última vez) e hizo saber que hay libros que no se deben contar sino que se han de vivir, y el suyo era uno de esos. Su vida se había convertido en la mejor de las historias cuando decidió vivir en lugar de anotar y enlistar los hitos de su gran historia a contar. 

Y lo entendió. Y llegó a ser un gran libro que sólo unos pocos supieron leer, sólo aquellos quienes no juzgaron la cubierta o simplemente no les asustó los riesgos que la trama proponía. Sus palabras eran, en definitiva, pura vida.

24 de febrero de 2014

Selfy

Selfy
Cada cierto tiempo me da por autorretratarme. Es más que nada un ejercicio, no sé si de ilustrador o psicológico, pero el caso es que lo hago y para no ser en balde convierto la ilustración en mi foto de currículo en mis siguientes portfolios.

El #selfy está hecho en mi libreta pequeña de moleskine. Directamente trabajado en bolígrafo y con la referencia de una foto tomada el día anterior. El acabado en libreta es el que veis abajo en la foto.

La ilustración quedó ligeramente deformada por la inclinación de la libreta y mi punto de vista.

Se me hizo divertido grabar el proceso de trabajo, a fin de cuentas tenía que ser un ejercicio rápido así que colo qué la cámara y en el tiempo de veintitrés minutos grabé todo el trabajo. Por suerte mi cámara es muy molona y esos 23 minutos los convirtió en 2:33. Espero que os guste.

Acompañé la pieza de vídeo con la canción de Los Fresones Rebeldes, ¿Porqué voy a creer yo en el amor? nada más porque le daba onda al proceso y le pegaba el rollo ye-yé.

Selfy from Fhil on Vimeo.

1 de enero de 2014

El Hombre Natura dice...

Hombre Natura Felicitación
Como cada año, una felicitación deseando lo mejor. Este año le tocó al Hombre Natura, dar su consejo para este año.
No hay nada como la sabiduría del padre naturaleza para saber enfrentar este año 2014 que se nos avecina.

Feliz año y no lo olviden, sean troncos orgullosos :)

26 de diciembre de 2013

Owly

Owly

Tanto por subir y tan poco tiempo para hacer las cosas. Y es en estas horas, desvelándome como sólo yo sé hacer y creo que nunca dejaré de hacer, que aprovecho para subir cosas que están en el tintero de lo rezagado. Ya no tengo tiempo de dedicarle historias a mis ilustraciones, no porque no se me ocurran, que sí, sino porque me hago viejo y cuanto más viejo más responsabilidades y por ende más aburrido. Y es en desveladas como estas en las que pienso que todo esto es una etapa transitoria.
Soy un poco como este búho, oculto en la oscuridad esperando poder salir a la luz del dia sin tener que esconder mis rarezas o mi excentricidad que me muero por compartir.

30 de octubre de 2013

Carrera desde lo fondo

A veces quisiera salir corriendo. No huir. Ni desaparecer. Sólo salir corriendo. Correr. Correr más allá de este lugar. Lo suficientemente lejos para no ser encontrado pero tampoco como para darme por perdido. Y correr con toda la ira y furia que me azotan por dentro. Pisar con tanta fuerza que mis dedos se ensangrienten. Tan rápido que mi ropa se desgarre y se me desprenda. Por tanto tiempo que sólo perdure mi verdadero yo, desnudo, ensangrentado, escuálido, herido, desnutrido y vencido. Y vencido por la carrera tropezar, volar, soñar, aterrizar y romper lo poco que queda de íntegro en mi.

Porque sólo corriendo de esta manera consigo alejarme de ti acercándote a mi.

15 de octubre de 2013

Lágrimas fugadas

Llorar ya no significaba nada. Sus lágrimas habían perdido su valor. Ahora eran una moneda de cambio para obtener el perdón. Como un niño que entrega su poca dignidad entre lágrimas por un juguete o un capricho. Ahora ya no tenía valor su vida. Sus lágrimas habían perdido la poca dignidad que le quedaba.

Sus lágrimas ahora reflejaban la desesperanza. El vacío de un corazón convirtiéndose en un agujero negro devorando la felicidad, las caricias, los besos, el calor, la seguridad, la luz...

Sus lágrimas se habían vuelto indignas porque representaban todo aquello que se había prometido no ser. Eran indignas porque le mostraban débil ante el mundo. Indignas porque le descubrían todo aquello que se había esforzado por ocultar y hacer creer inexistente.

Pero ante todo le dolía, no saber volverlas a controlar. Sus miedos eran ya tan grandes que no podía controlarlos, no podía dominarlos, ni someterlos. Se había vuelto débil y sus temores se habían convertido en todopoderosos titanes. Y ya no podía volver ser quien fue.

Y por cada río de salado mar que se precipitaba al vacío, sabía que ya nada iba a volver a ser igual que antes, sin importar el final que le esperara.

Yo, Jagger

Yo, Jagger
Para cuando me enteré que Jagger había sido sacrificado, habían pasado ya un par de semanas. Aún recuerdo ese momento de confusión, perturbación, dolor y rabia. Me enteré por mi hermana en una llamada telefónica y por un comentario casual. 
Creo que eso fue lo que más me dolió, la casualidad sobre la muerte del que entendía como uno de mis mejores amigos. Pese a que yo ya llevaba tiempo sin cuidarle por la distancia que nos separaba. Creo que esa punzada inicial tenía ese sabor.

Jagger había alcanzando la respetuosa edad de catorce años, muy longeva para un perro grande. Un perrazo como bien dijeron algunos de mis amigos que llegaron a conocerle, ya sea en foto o en persona. Y es que Jagger era un perrazo, así como lo entenderíamos, un tipazo. Un increíble ser vivo. Un increíble amigo.

Tras la revelación, mi hermana me contó que había tenido que ser sacrificado por una enfermedad degenerativa de los huesos. 

Cuando supe lo sucedido quise inmortalizar nuestra relación, porque yo traía mucho de él en mí, en parte siento que fue mi único amigo durante mucho tiempo. La gente dice que los perros no nos entienden, y puede que sea verdad, pero nos sienten. Él sentía mi tono al hablarle de mis cosas y estoy seguro que sabía que no hablaba así con nadie más. Y él me hablaba a mí con su respiración calmada en aquellos jardines bajo la sombra de las palmeras de eso calurosos veranos; o con su mirada, de la que creo que ahora compartimos y por ello me sentía hermano suyo.

Él me rescató de mi recluida adolescencia y yo le rescaté las pocas e insuficientes veces en las que estuve. Me temo que ese peso será una carga que llevaré durante un largo tiempo.

Pero donde más le fallé fue en no acompañarle en su viaje de despedida...

Mi carga es tener ese recuerdo amargo, pero también recordarle como lo que fue para mí. Sabiendo que una parte de él aún vive en mí, porque influenció en quién soy. Y creo que el tiempo que pasé con él, conseguí darle algo de paz y felicidad entre tanta soledad que le rodeó.

Descansa en paz, amigo.
Siempre te recordaré.