13 de febrero de 2006

Hombrecillo Triste

Hace mucho, mucho tiempo. Existió un hombrecillo, el más pequeño de todos los hombres, pero con el corazón más grande que el del héroe más valeroso. Jamás pudo demostrar su gran corazón en el campo de batalla, pues jamás le permitieron participar. En su resignación se convirtió, por no atreverse a juzgar a nadie, en un empático. En ese mismo día, la sonrisa jamás le volvió a brotar. Comprendía con su enorme corazón al mundo entero, y sentía tristeza por la tristeza del mundo. Un día su valentía le empujó a ayudar a sus semejantes mayores en tamaño, pero inferiores de corazón. Día tras día, la gente recuperaba las esperanzas, esperaban sin hacer nada, pero al menos tenían esperanzas. Pasaron las semanas, los meses, los años,… hasta el día en que no hubieron ni hombre ni mujer con tristeza. En ese momento, que cualquier gran guerrero celebraría con profunda alegría, el hombre se sentó en el suelo. Y desconsolado se echó a llorar. Comprendió que había luchado como el más grande guerrero de todos los tiempos, pero enfrentándose a la tristeza ajena había descuidado a su corazón, que se halló triste por no ser atendido, y de pena, en muerte cayó. Su cuerpo, yació inerte apenas unas horas hasta que el viento por fin fue capaz de llevárselo.