13 de febrero de 2006

Sugus

Javier Álvarez tiene razón. Cuando haces pop, ya no
hay stop. Y es que los poperos están inundando las
escuelas de diseño, las discotecas, e incluso el transporte
público. No es que lo critique, el problema
es cuando lo rechazas y ves que te gusta. “Houston
tenemos un problema”. Porque a ver, si nos sentamos
a pensar (si nos acordamos de como se hace) y
analizamos las características de esta tendencia,
podríamos llegar a creer que nos contradecimos a
nosotros mismos. A ver, los sugus, ¿a quién no le
gustan los sugus? Por que yo no recuerdo a nadie
que le haya dicho que no a un sugus. Como decirle
que no a ese caramelo que al chuparlo nos parecemos
a “Suppaman” del Dr. Slump. Las chapitas,
por mucho que digan que no son pop, el contenido
ya sí que no lo pueden negar, y cuanto más freaky
es el motivo de ésta, más poppy eres. Luego está el
rollito fotolog, aunque eso da para largo y tendido...
Pero el caso, que no hay popero que no tenga uno
(indispensable). Eso, y vestir un poco rarito (sí, es
ese estilo que no sabrías clasi car, cuando dices...
es Pop) ya se podría considerar dentro de la línea
estética. ¿Qué pasa cuando te dicen “yo no soy
pop, es que me gusta ser así”? (mal rollo) El sujeto
en cuestión rechaza el cali cativo poppy, o bien se
ha quedado encasquillado en una edad del pavo
prematura y a la vez longeva (solución: psiquiatra).
Entonces todos aquellos que llevan chapitas o comen
sugus, o las dos cosas, son poperos inconcientes
(obviamente los que no se autodenominan) y se
debe a un impacto visual que se da en la juventud
al toparse con iconos de culto (Kubrik, Audrey,
Jack Skeleton,...) sin darse cuenta de su efecto. En
el fondo todos somos poppies (en especial los que
vivieron los ochenta) ¡Y qué caracoles! El pop es
divertido, pero cuidado. Cuando haces pop...