11 de diciembre de 2005

< pensamiento >

Quiero estallar en mil lágrimas de dolor. Quiero gritar a la nada y hacer sugir algo. Quiero sentirme por primera vez fuerte y no impotente. Quiero que sepas lo que me duele, y aunque no sé reflejarlo... es así. Quiero creer que todo será igual y sé que no lo será. Quiero muchas cosas y sé que muchas cosas no tendré. Pero no desespero me quedo con lo que ya tengo que es mucho y me esboza sonrisas. Aún así me dejaré la voz gritando hasta que me tiren una piedra. Crearé otra igualdad y será otra igualdad distinta y cuando vuelva a romperse montaré otra nueva. Me quedo con lo que tengo y lucharé por lo que creo e incluso quiero. Y a ti, a ti te recordaré como quien me sacó de las sombras de un oscuro alba cuando más falta me hacía. Mañana nos vemos y te desearé un buen viaje,
mon ami.

7 de diciembre de 2005

Pensamientos en las Madrugadas I

Clak clakclakclak clek clak. Y borro. Suspiro. Pienso (más de lo que debería) maldito C.I. Por extraño que sea la paz viene y va. ¿Dependerá del amor o en su caso del odio? Que sino bien son antagonistas también son personalidades distintas e independientes. Ahora me rodea la paz, la de la noche, la de la soledad (buenas noches una noche más, amiga) amiga de cama del tiempo. Aunque mi piel me separe del mundo, hoy puedo decir que la soledad no me hace mal, incluso poder afirmar que es una soledad agradable. Acogedor. Suena necio, pero las sensaciones no tienen porqué ser razonadas. ¿o sí? -No.
Clek clakclakclakclakclkaclak cleik CLAK

3 de diciembre de 2005

Cuando menos no es más

Hoy me levanté pensando en ti. Sí en ti. Me despierto y pienso en ti. Cuando te beso no eres tú en quien pienso. Cuando voy por la calle mi sonrisa es por ti. Al abrazarte no soy yo quien te quiere abrazar. Es tu risa la que me alegra el día. Cuando te amo profundamente no es a ti a quien amo. Son tus ojos los que busco siempre entre la multitud. Cuando me pierdo por tu pelo no es a ti a quien busco. Es a ti a quien no soltaré cuando te atrape. Cuando duermo no es a ti a quien espero encontrar a la mañana. Por eso no podemos estar juntos ¿Lo entiendes? Pero no será en esta vida y tendré que seguir disfrazándote. Como siempre.

Días grises

Tomar aire fresco, refresca. A menos si quieres refrescarte. Y aunque luego no queramos, viene el mal tiempo, y como no, nos REmojamos. Al menos se nos aclaran las ideas, y sino como mínimo el pelo. Aunque yo me río, por que no me cuido mucho el pelo, pero pobre de aquel que salga un día de casa con su gominita bien puesta y le caiga un chaparrón encima. O la que se seca el pelo con el secador. Ya se cuidará de coger el paraguas, y ante eso, el viento. Si es que luego y después de todo, cuando nos pasan cosas de éstas todo lo demás son tonterías. Nos olvidamos de la discusión con la pareja, la bronca con tu padre porque eres un o una irresponsable (hecho que lo evidencia aún más) o de cualquier cosa que no está por encima de tu cabeza.

Antes de dormirme II

La sala se expande mucho más allá de lo que imaginaba. Toma del pomo de la puerta, de la enorme puerta, y se abre. Ante él su estancia. Fría, grande, sepulcral. Su mausoleo. Cierra la puerta. Un haz de luz vertical divide la habitación, dejando entrever el entorno. Poco a poco se va desvistiendo. Con esfuerzo se sube a su cama. Cuando se incorpora se topa con un inmenso mar de sábanas. Frías. Avanza insignificante. Saltando. Tropezando. Desolado. Al fin llega a la cabecera de su lecho. Su almohada es un gran cerro. Con dificultad deshace su cama y se introduce en ella. Se recuesta observando apenadamente el inmenso mar de su soledad. Llano donde sus temores se recrean como en un teatro hasta que concibe, al fin, el sueño anhelado.

Estático

El viento sopla de cara, y la veleta, corre. El cielo es teñido por el sol, es naranja, luego rojo. Empieza a refrescar, y la fuerza de un rey se ahoga en el mar. Poco queda del cálido rojizo, todo es ya azul violáceo y negro profundo, como mi lecho cuando miro en la oscuridad.

Antes de dormirme I

Cuéntame un cuento chino o musulmán, o árabe o uno de esos celtas o de los indios o de los esquimales. Cuéntame un cuento. Que me desvele de malos sueños. Que me lleve por tierras lejanas. Por bosques encantados. Donde hadas y duendes quieran bailar conmigo, alrededor de mágicos fuegos y exóticas danzas. Que me lleven al olvido estos malos tiempos.