23 de junio de 2006

Lágrima floral

¡Retuércete! ¡Retuércete! le susurra fuertemente mientras se retuerce. Su escuálido cuerpo se entorna sobre sí generando espirales concéntricas, naturales, orgánicas, vivas. ¡Un poco más! Se le escucha al susurro. Lágrimas brotan de sus ojos, ya no sabe si es el dolor, el no ver el final o si cuando llegue, realmente no haya valido la pena el esfuerzo. Pero el susurro le silba al oído, y recobra fuerzas. A lo alto puede ver una luz, un tapiz azul. Sus brazos antes rígidos y estancados ceden del cansancio, y finalmente se abre el telón. Mira por encima y una alfombra roja se extiende a lo largo de la pradera. Y de melodía una suave brisa que zarandea dulcemente los delicados cuerpos, y el ligero zumbir de las abejas en plena labor. El esfuerzo ha valido la pena, y piensa para sí que nada de lo que pudiera pasar podría hacer que se arrepintiera, justo fue el momento, en que el floricultor contento por el esfuerzo de la delicada amapola, la cogió de su tallo y se lo cortó. Pero ésta no lloró, y mientras se deslizaba entre la brisa al ritmo de su verdugo, sonreía y soñaba con morir decorando la melena a alguna hermosa doncella enamorada.