13 de abril de 2007

Textos olvidados (no publicados)

amores perros

La fricción es cada vez más intensa. La fuerza del deseo provoca fuertes arremetidas. Incesante. Poco nos diferencia del resto del mundo. El calor se hace más persistente. Y de repente; frío.

Mi exhalación eclosiona en un hedor animal indistinguible. Su pelo inspira al olor del amor de calle. De las noches a la intemperie. Mi cuerpo, su cuerpo; apestaban de forma natural. No podía ser de otra manera.

Cuando nuestros morros se encontraban con un mordisco, volvían a mí escenas con otras perras con las que antes estuve. Siempre el mismo sabor, su pelaje cambiaba, pero todas eran iguales, salvo ésta; que era la última.

Ella jadeaba, yo jadeaba. Y no aullaba de placer, sólo ladraba. Igual que yo, y después bufaba; igual que yo. Aún así y a pesar de los ruidos callejeros que nos envolvían en aquel lugar, la unión no cesaba de eclosionar. Hasta que aullé, y luego grité al unísono con un golpe seco.

La luz no te dejaba distinguir muy bien su pelaje, me pareció ver que era pardo. Yo estaba encima de ella. Alguna que otra vez surge un espontáneo que se nos queda mirando un rato y luego se va.
Yo no quería parar, ni ella que yo lo hiciera. Pero un hijo de puta sí, que con mala cara me lanzó una lata de cerveza, lastimándome en la cabeza y haciéndome huir a cuatro patas, mientras él a lo lejos me ladraba.

Yo sólo quería estar con ella, y formar una familia. Como las veces anteriores. Pero al parecer no tengo el visto bueno de sus amos. ¿Qué sabrán ellos del amor?