5 de octubre de 2025

Correr [Run] Huir

Tira fuerte de los cordones. Siente cómo se ajusta firmemente su pie y termina anudando la zapatilla. Con un brinco se endereza, y da ligeros rebotes para preparar al cuerpo. Abre la puerta. Inicia el ritual, busca su playlist, -modo aleatorio-, play. En ese mismo momento da comienzo la cuenta regresiva mientras sale del portón; un brinquito más y al pisar el suelo nuevamente con su pierna derecha carga impulso y sale disparado.

Da zancadas suaves, escucha rechinar la suela con su pisada arrastrando el crujido sobre el asfalto y la suciedad del mismo. Salto, respiración, impacto, exhalación, salto… el pie termina dando una ligera sacudida al aire con una casi imperceptible polvareda.

01 Los perros - Arde Bogotá
Hace años que no se ven perros callejeros en la Ciudad de México. Por lo menos, no en el centro de la ciudad y en zonas gentrificadas. Es la misma ciudad, la misma gente rastrera, los mismos puestos callejeros, pero sin los perros.

Soltad a los perros, porque me he escapado
Untad mi colonia en la nariz del galgo
Corred con ganas, que esta noche aguanto
Perseguidme a fondo, quiero hacerlo largo.

Con firmeza, ni distracciones, avanza por las perras calles entre smog, grasa de taquerías y algún que otro olor de dudosa procedencia. Se impulsa hacia adelante. Como si huyera de algo, o de alguien. ¿Por qué corre? Si ni le gusta. Es como si huyera de algo, de alguien. ¿De él?

En ese preciso pensamiento su reloj emite un pitido. Ya lleva un kilómetro, y sigue huyendo como si los perros de su existencia le dieran caza…

02 Mírame - Ultraligera 
El crossfade, pocas veces es tan agradable. El ritmo no decae. Y la respiración tampoco. No hay sudor, sólo impacto y exhalaciones golpeadas. Va hacia el segundo kilómetro en menos de diez minutos.

La carrera se vuelve un slalom de asfalto y cristal según se acerca al centro. Gente distraída, inmersa en fantasmagóricas luces azules. Gente que se voltea espantada, por el acelerado golpe de sus pisadas. Gente que se le une a la carrera, con sus miradas llenas de extrañeza. Gente, toda clase gente: corriente.

Voltea a su izquierda, mientras sigue esquivando seres huecos trajeados carentes de vida, y se encuentra con su reflejo. Se ve bien, tal vez podría mejorar su postura “enderézate” consigue escuchar por encima de todos sus pensamientos. Tan pronto como su reflejo muere, las voces se callan.

Que hoy estoy tan cansado
Me he mirado al espejo y me he visto
Tan guapo y tan demacrado
Y quiero que me mires y digas
Joder, qué cabrón, cómo ha cambiado

Un semáforo en rojo detiene su ritmo. Instintivamente calienta rodillas y tobillos. Reduce su respiración; sobre Paseo de la Reforma hay demasiado smog. Una tartana del ’86 pasa por su lado dejando una estela de humo que se le pega a los pulmones. Luz verde. Arranca. Luz roja.

‎03 Cariño, suéltate el pelo - Dani Fernández
Junto a parejas de muchachos, recién salidos de la secundaria (de horario vespertino). Godínez resignados. Vendedores ambulantes. Turistas gringos. Espera mientras maldice al eterno semáforo que no quiere cambiar. Verde.

Sale despedido dejando atrás a todos en la línea de salida. Esa aceleración le ha costado una gota de sudor. Mira su reloj, no sabe en qué momento va ya hacia los tres kilómetros. Aumenta la velocidad.

¡Cariño, suéltate el pelo!
Y luego ya lo veremos
¡Cariño, suéltate el pelo!
A ver quién llega primero

El tráfico se ha acentuado. Los alrededores de la Alameda Central son un hervidero de artistas callejeros, estatuas vivientes, puestos de esquites (nada apetecibles),… A lo lejos consigue oír, más allá de sus auriculares, una banda de rock con un estridente solo de guitarra eléctrica. Unos metros más, esta se descubre completamente rodeada de gente bailando en mitad de la calle. Ya está acostumbrado, sigue corriendo.

04 Sin pensar - Niños Mutantes
En este punto. Ya no oye nada. Su voz se silenció. La música sigue sonando, pero no se oye. Las pisadas son mudas. La sombra que le persigue ya no le acecha, quedó atrás. Después de dieciocho minutos corriendo y más de tres kilómetros sin apenas descanso ha alcanzado su objetivo. Huir de su mente.

Corre de algo hacia algo. De sí mismo para encontrarse a sí mismo. La única forma en la que logra la meditación activa. Su nuevo objetivo: mantenerla. Mantener su mente vacía, y si lo piensa: perderá. Mejor sigue corriendo.

Y sin pensar
Cómo se mueve el universo
Cómo flota en el espacio
Cómo vamos a toda velocidad
Sin darnos cuenta
Avanzando
Hacia un sitio que nadie conoce

Según avanza por la Alameda, los obstáculos y el ritmo decae. Su ruta es metódica, rítmica y repetitiva. No hay improvisación. La rutina es la clave. La única rutina que puede controlar es la suya, pues la ciudad va a la suya, no hay dos días iguales.

Con respiración pesada se introduce en un pasillo repleto de ambulantes, puestos de comida y gente hacinada, ansiosa, por consumir. Cada bocanada sabe a pambazos, tacos de chorizo, elotes, marquesitas,… Ya no le dejan correr. Centra la mirada en el vacío mientras va esquivando a la gente corriente.

05 Au - Paloma Morphy
Unos metros después, y tras atravesar un show de payasos comediantes callejeros, reanuda su carrera, su huida, su meditación.

El aire le arde al entrar en la garganta. Se siente pesado. En este punto siempre se preguntó si sería por la temperatura, la contaminación o la altitud. Para cuando sale de ese pensamiento, se encuentra corriendo entre skaters.

Cada pedazo de ropa que tengo
Se lo quedaron, yo salí corriendo
Aunque me vean descalza no tengo miedo
Pero me están doliendo
Las piedras en el suelo

Un crío de nueve o diez años se le empareja en la carrera. En ese momento ambos se miran; aceptan el reto. El chico empieza a patear sobre su skate, y atónito ve cómo le comienza a sacar delantera. Asumiendo el coste del esfuerzo que va realizar, acelera. El muchacho sorprendido al verse emparejado, le sigue pateando. Finalmente, nuestro corredor, le gana la carrera. En desaceleración el joven skater le alcanza, se ríe, le dice algo ininteligible por la música en sus oídos, y chocan mano y puño. El chico queda atrás, y su regreso está por delante.

El bip vuelve a hacer presencia junto a una fatiga notable.

06 Rendición - Delaporte
Es ahora el cansancio, quien corre a su lado. Su ritmo se ha visto mermado por la inesperada competición. Pero se lleva el premio, no el de la victoria, sino el de la improvisación que nunca se permite.

Ya no tiene ímpetu porque ya dio esquinazo a su perseguidor tras alguna sombra en la Alameda. Corre, sólo corre. Ya quiere que todo se acabe, pero no se va acabar hasta llegar a la meta. Así que sigue corriendo.

La versión de él que empezó no es la misma ahora, se ha rendido. No ha tirado la toalla, ni se ha dado por vencido. Sólo se ha rendido a la idea del control. Luz roja. Se rinde. El pecho le arde, ha de parar. Se rinde.

Una rendición, una caricia, un olor
Un beso en la frente que retuerza mi interior
Se deshace el odio, la lucha y el desamor
Solo quiero ver cómo suena aquí mi voz

Se rinde constantemente, para volver a empezar. Ha entendido porqué huye. Huye para poder entregarse. Entregarse a su versión más pura y original. Y no es hasta que vuelve a estar atrapado que reinicia su carrera.

Tras más de cinco kilómetros, deja de correr, sólo camina. Recupera el aliento. Cruza varias avenidas. Devora con el olfato otros tantos puestos de comida callejera. Saca las llaves, abre tres puertas. La vibración del móvil le recuerda que se le acabó el permiso. Mañana planeará otra huída, que seguramente no logrará realizar.

10 de agosto de 2025

Perdido en mi habitación II

Confesión

Hubo un tiempo, en el que meter mi mano en el pecho y escribir sobre lo que saliera, era normal. Estaba conectado. Una simple arcada, y vomitaba mis vísceras más oscuras, mis relatos más fogosos, y mis sueños más brillantes. La tinta y las palabras sobraban... es más, brotaban a borbotones.

En algún punto, creo, la tinta se secó. O tal vez mi vida se detuvo, se enfrió, dejó de sentir, vivir, compartir... Algo cambió, y las palabras salían marchitas, las emociones desalmadas, pero lo peor era que los relatos nacían muertos. Si a los bebés que fallecían en partos, o al poco que nacían, se les calificaban como “muerte de cuna”, mis relatos se podría decir, que sufrían algo similar a “muerte de pluma” (la de escribir).

A veces, me detengo a pensar qué había cambiado. Y en todas esas veces no tenía la respuesta, porque el problema estaba en lo más sencillo que hacía: PENSABA. En algún punto, de mi historia, guardé en un cajón con llave todas mis emociones y la lancé en algún lugar del Mediterráneo. Y empecé a pensar todo, por un tiempo creo que “sentipensaba”. Con la práctica me entregué con voluntad a la lógica y a la funcionalidad, hasta el punto en el que mi único punto neurálgico, como bien indica, sólo era mi cerebro. Corazón, sensación, sentimiento,... todo se filtraba por mi cabeza; y la única función que tenía: reducir el margen de errores al mínimo. Eso no salió nada bien -spoiler alert-, pero eso es otra historia que embelleceré en algún relato más adelante.

Nada puede salir de la lógica. Nada nace sin emoción, o un mínimo de pasión. Me encantaría decir que he vuelto, que ya regresé de mi viaje del fénix. Pero no lo creo. Lo que sí creo -o mejor dicho para hacerlo más obvio- SIENTO, que estoy recableándome, conectando todo como toca. Y eso me llevará a un nuevo lugar, no queriendo regresar a donde estaba (o de donde vengo) porque ni quiero ni puedo, pero sí a un espacio más propio. No sé si quiero seguir contando historias si no voy a sentirlas, pero sobretodo si no las vas a sentir -si alguna vez lees estas u otras líneas-.

Me llevé a lugares oscuros, me até en las tinieblas y me encarcelé con ideas que no eran mías pero que hice propias. Ahora, que lucho por caminar en la oscuridad hacía una negrura más clara, sé que no puedo volver a escribir como lo hacía. Que no transmitiré el optimismo, alegría e ingenio de aquel entonces. Pero tampoco quiero. Ahora hay otras cosas, ni mejores ni peores, solamente diferentes. Y descubro que donde antes había naturalidad ahora hay experiencia, que donde antes habitaba la esperanza y el deseo ahora hay sabiduría y vivencias,... No sé qué venga en un futuro en las líneas que escriba. Pero si me atreviera a imaginarlo creo que podríais esperar más de lo mismo, pero sin pretensión. Reafirmo, esto lo estás leyendo, pero lo escribí para mí. Como todo lo que escribí en mi vida, y que siempre fue así. Y si en todo este tiempo te gustó, me honras, pero nunca dejé de permitirme que el lector más importante de mi historia, fuera yo.

Creo que, corrijo. Siento que ya estoy listo para compartir nuevas historias. Quizás: Hubo un tiempo,...

7 de abril de 2025

La Bohème


Je vous parle d’un temps
Que les moins de vingt ans
Ne peuvent pas connaître
Montmartre en ce temps-là
Accrochait ses lilas
Jusque sous nos fenêtres
Et si l’humble garni
Qui nous servait de nid
Ne payait pas de mine
C’est là qu’on s’est connu
Moi qui criais famine
Et toi qui posais nue

La bohème, la bohème
Ça voulait dire
On est heureux
La bohème, la bohème
Nous ne mangions
Qu’un jour sur deux

Dans les cafés voisins
Nous étions quelques-uns
Qui attendions la gloire
Et bien que miséreux
Avec le ventre creux
Nous ne cessions d’y croire
Et quand quelques bistrots
Contre un bon repas chaud
Nous prenaient une toile
Nous récitions des vers
Groupés autour du poêle
En oubliant l’hiver

La bohème, la bohème
Ça voulait dire
Tu es jolie
La bohème, la bohème
Et nous avions
Tous du génie

Souvent il m’arrivait
Devant mon chevalet
De passer des nuits blanches
Retouchant le dessin
De la ligne d’un sein
Du galbe d’une hanche
Et ce n’est qu’au matin
Qu’on s’asseyait enfin
Devant un café-crème
Épuisés mais ravis
Fallait-il que l’on s’aime
Et qu’on aime la vie

La bohème, la bohème
Ça voulait dire
On a vingt ans
La bohème, la bohème
Et nous vivions
De l’air du temps

Quand au hasard des jours
Je m’en vais faire un tour
À mon ancienne adresse
Je ne reconnais plus
Ni les murs ni les rues
Qui ont vu ma jeunesse
En haut d’un escalier
Je cherche l’atelier
Dont plus rien ne subsiste
Dans son nouveau décor
Montmartre semble triste
Et les lilas sont morts

La bohème, la bohème
On était jeunes
On était fous
La bohème, la bohème
Ça ne veut plus rien dire du tout

20 de enero de 2025

El dilema de la Sardina, el Sapo y la Anguila

—Con permiso. Tengo que pasar. ¿Me permites?

Nada, por mucho que insistía no había manera, no podía avanzar. Pero Marcos no desistía y volvía.

—A ver, por favor, tengo que pasar. ¿Me permites?
—¿Te permites?

Le respondió una voz desde atrás. Marcos se volteó, o más bien torció toda su cabeza lo más que pudo. Ahí estaba un señor bajito con ojos saltones y papada de sapo, mirándolo a través de sus anteojos muy fijamente. Ambos ensardinados en el transporte público.

—¿Cómo que si me permito?
—Sí claro. ¿Te permites?

Totalmente extrañado, el rostro de Marcos hablaba por sí sólo, pero aún así verbalizó.
—No entiendo su pregunta.
—Es muy sencilla —Le respondió el hombre sapo—. ¿Cómo puedes pedir permiso para avanzar si tú no te permites avanzar? No se puede esperar que tu movimiento esté condicionado por la voluntad de los otros— Le respondió con una serenidad pasmosa.
—Pero vamos a ver, tengo que avanzar, pero tampoco se trata de ir empujando a los demás para moverme.
Marcos sin saber cómo se había metido en una conversación con público expectante por escuchar las réplicas.

—Pero si te quedas quieto para no molestar nadie, nunca lograrás moverte. Y el problema es que si tú no te mueves yo tampoco avanzaré. Porque yo haré lo posible por avanzar y muy seguramente, mi movimiento te incomodará. Sin embargo, la molestia es tuya por la falta de acción. ¿Entiendes?

Punto para el hombre sapo. El silencio entorno a ellos era sepulcral. Y es que no hay nada como una buena conversación ajena para tener un trayecto ameno.

—Tiene razón, chico. No siempre el mundo va a funcionar con una simple indicación, a veces hay que acompañarla con algún gesto o acción.

Masculló un tipo alto y escuálido, con facciones largas, mientras miraba a Marcos a través de sus lentes casi en la punta de la nariz para recibir la ayuda de enfocar al muchacho. Y que se encontraba frente a chico.

—Pero a ver, no puedo ir tampoco empujando o pisando al de delante sólo para conseguir mi objetivo de avanzar —dijo Marcos.
—No, pero sí. Todo depende, chico. Al final no se trata del objetivo, si no de la forma. Siempre alguien se va a molestar por el movimiento que decidas hacer, no puedes esperar a que tus acciones reciban luz verde para poder ejecutarlas —la calma del hombre anguila era si bien tranquila muy abrumadora.
—Tiene razón, chico —afirmó el hombre sapo. Tú muévete, y si a alguien le molesta pues le pides perdón. No a todos les va a parecer, pero seguramente es porque ellos tampoco se bajan a la misma estación. ¿Entiendes?
—Es tan sencillo como poner una mano ligera y amablemente sobre la espalda de quien está frente a ti y cuando tengas su atención, hacerle saber tu necesidad. Puede haber molestia, pero también comprensión. Y si no, pues nada: lo apartas —dijo sonriente el hombre anguila. Porque tampoco te vas a detener por el capricho de otros —sentenció.
—Ya veo. ¿Entonces a usted no le importaría dejarme pasar? —preguntó intrigado Marcos.
—A ver chico. Yo no tengo ningún problema en dejarte pasar. Desde aquí arriba no te escucho nada, cosas de la edad. Con gusto te dejaba pasar... —le dijo sonriendo mientras su gafas se adherían mágicamente a la punta de su nariz. Pero bueno, una cosa te voy a decir chico, aquí nos bajamos todos, jajaja —soltó una inocente y breve carcajada.

En ese momento las puertas del transporte público acompañadas de su característico sonido, se abrieron. Y todos, con pasitos de pingüinos, dejaron de ser sardinas para volver a ser personas movidas por alguna acción o deseo. También Marcos, el chico sardina, logro salir y sus pasos se tornaron aunque fuera por un momento, más firmes.

A lo lejos, el hombre sapo y el hombre anguila se despidieron con una silenciosa sonrisa.

1 de enero de 2025

Starter Pack 2025


Un año más vuelvo con mi felicitación regular, tal vez en esta ocasión más personal que nunca… Vengo con retraso porque he andado ahogado en trabajo, enfermedad y cosas varias. Y que además me compliqué extra este año.
Hacer mi Starter Pack para el 2025, a modo de intención por mes y cual vision board tiene su qué, para qué nos vamos a engañar.

Si no has recibido mi tradicional email te dejo aquí la felicitación.
Y espero que tu 2025 esté repleto de intenciones.

14 de octubre de 2024

Lo más bonito de mi

Lo más bonito de mi es lo que no digo. Justamente ese silencio denso, invisible pero perceptible. Como una neblina londinense que viene se posa y se va casi con la misma sutileza con la que se hace de noche. 

Lo más bonito de mi, no es lo que digo, es lo que hago. 

Llenar lienzos con los trazos de sus cuerpos. Transcribir los tomos de sus sueños para que pudieran recordarlos, mientras yo tan sólo era su humilde escribano en ellos. Tallé las canteras que pavimentaron todas las posibles carreteras de sus destinos. Sacrifiqué mi cuerpo a los cuervos para que nunca les faltara una chispa en la oscuridad.

Las convertí en mis musas y en mis verdugos. Por ello, ahora, mis manos y cabeza ruedan por los suelos, incapaces de reconciliarse con mi cuerpo. 

Y sin embargo, creo que lo más bonito de mi es que lo volvería a hacer, tal y como digo. Volvería a hacer lo mismo, salvo entregarme en cuerpo y alma. Porque sin ellos no podré volver a sentir cuanto me duele, esta mortal inspiración.

10 de julio de 2024

J'ai tant rêvé


J'ai tant rêvé  de Henri Salvador

J'ai tant rêvé de toi,
Que tu perds ta réalité.
J'ai tant rêvé de toi,
Qu'il n'est plus temps de m'éveiller.

J'ai tant parlé de toi,
Que j'ai les lèvres usées par ton nom.
J'ai tant parlé de toi,
Que j'ai souvent le sentiment d'être fou.

J'ai tant marché, tant marché,
Que mes pieds ont mal de ton absence.
J'ai tant marché, tant marché,
Que je ne sais plus quel est mon chemin.

Je me suis tant retourné,
Que je ne sais plus où je suis,
Je me suis tant retourné,
Que je ne sais plus où tu es.

J'ai tant rêvé de toi,
Que tu perds ta réalité.
J'ai tant rêvé de toi,
Qu'il n'est plus temps de m'éveiller.

26 de febrero de 2023

Siempre vuelvo porque nunca fui


Es raro, a veces me cuesta entender porqué estoy tan lejos de las cosas que me gustan. Luego estoy ahí y me quiero mover. Supongo que tendrá algo que ver con ese sentimiento de melancolía con la que a veces creo tener alguna clase de relación, como si una parte de mi necesitara de eso... No sé, no me pondré psicoanalítico ahora.

El caso es que mi hermana hace poco me compartió esta campaña promocional de mi tierra, y qué demonios, sí sentí un ligero arrebato de orgullo y nostalgia por partes iguales. Y mira que estuve hace poco allí, pero... No sé. Es un pedacito de paraíso en la tierra y mira que actualmente vivo en tierra de dioses.

Bueno, os lo comparto porque soy así de regalado. Si algún día vais, o volvéis: Disfrutadla y cuidadla por mi.

Cambios

Te despiertas un día y el mundo ha cambiado. Abres los ojos y ya no eres más un niño. No pasa de golpe, ocurre con calma, lánguidamente. A veces son las rodillas, otras las resacas. En ocasiones el trabajo, otras las facturas. Pero eso es lo normal, es tan natural que ni te das cuenta. Yo hablo de cuando te cae el veinte, de cuando dices: "Mierda, a mi no me prepararon para esto".

Y es ahí cuando te dices que ya nada volverá a ser como antes. Entonces sientes que una carga te oprime el pecho, la conocerás como ansiedad y te acostumbrarás a ella. Llegará el insomnio, los madrugones involuntarios, el desánimo y la falta de inspiración. Y ahí estarán un rato.

Lo bueno es que se termina pasando, bueno se termina disimulando, porque pasarse pasarse no se pasa realmente. Levantas la alfombra y consigues ignorar la situación. Y con bastante éxito, la verdad. Y vuelves a reír, a dormir bien, a crear un cosmos nuevo,... Todo se vuelve a colocar nuevamente en su lugar/no-lugar.

Y así podrá seguir para siempre, o no, cada quién tiene una ruta de viaje distinta. Lo que no va a cambiar nunca es que tu mundo cambió. Y cambiará. Y volverá cambiar. Y los cambios son lo único constante que tenemos. 

Afortunadamente, también puedes cambiar la forma en la que enfrentas el cambio. La ansiedad siempre llega en algún punto, y te va a tumbar. Pero también podemos cambiar cómo nos levantamos de la lona. Y un día despertarás, y aceptarás que tu mundo ha cambiado. Y que está bien que ese niño descanse por fin.

23 de junio de 2022


Puede que no esté, pero siempre consigo estar de la forma que sea. No se trata de provocar que suceda, si no simplemente quererlo.

9 de junio de 2022

Chef Liberto (Papá)

Tres meses. Tres meses que sólo puedo compararlo con un abismo de relatividad... Se vienen muchas primeras veces de muchas cosas, y desde hace un tiempo (tres meses) para acá sólo tengo una verdad que se reafirma una y otra vez:

"Los padres (y madres) nos enseñáis todo.
Todo, menos a lidiar con vuestra ausencia..."

8 de junio de 2022

Sueño vivido

Pensaba en contártelo, pero tengo la certeza que ambos estuvimos ahí.
Hace una semana soñé contigo, no sabía que fue así hasta que desperté decepcionado y magullado por dentro. Pero mejor os digo, hace una semana soñé con él.

Mi enorme pantalla estaba encendida y como desde hace un tiempo hasta ahora, ni iban ni venían datos de ningún tipo por la CPU. En plena consciencia de mi neutra actividad, atento como siempre a todo por mi visión perimetral alcancé a ver su mano, no lo sabía pero lo sabía. Fornida, endurecida por el trabajo, medio bronceada por la vida en la costa, y su reloj Omega dorado y plateado se dejó entrever por su puño de la manga doblado. Apenas fue un instante, el cual lo pasé atónito asimilando lo que acaba de contemplar. Trance que fue interrumpido por el sonido al cerrarse de la puerta de entrada, apenas a dos metros de mi habitación, el cual me hizo saltar hacia ella. Puse mi mano sobre el picaporte, y a pesar de mi decisión en abrir la puerta, era inútil no había forma de abrirla. En mi afán de cruzar el umbral, husmeé por entre los huecos de una persiana fija de bambú: la misma mano que había visto escabullirse por el rabillo de mi ojo ahora estaban sosteniendo la aldaba con fuerza. Fue un parpadear en lo que mi mirada buscó ávidamente el rostro de aquellas manos. No di crédito a lo que se me había revelado; en ese mismo instante se supo descubierto y soltando las manos se alejó unos pasos marcha atrás de la puerta.

Sin resistencia que frenara mi deseo, logré tirar de la puerta hacia mí.
Ante mis ojos, mi patio central, y en él: mi padre. Ahí estaba con su camisa naranja Versace y su físico de siempre (algo panzón y flaco a la vez), sonriéndome como cuando le pillabas haciendo alguna trastada o escondiendo alguna canallada de las suyas. Alzó su mano derecha a la altura de su cabeza, y la agitó saludándome. Su sonrisa visible, incluyendo su diente ausente y el otro de oro. Su rostro era el de siempre, pero su tez tenía un tono verde mortecino que me dio a entender que ya no estaba en este mundo. En cuestión de milésimas de segundo, te vi te reconocí y te sentí. Y dentro de ese tiempo tan ínfimo, para mí un infinito, fui inundado por un océano de emociones y sensaciones que eclosionaron con un: "¡Papa...!". Seguido de otro: "¡Papá!". Para cuando quise darme cuenta mi tiempo infinito se había acabado y mi pie ya estaba avanzando cuando solté: "¡PAPÁ!".

Tan pronto como mi cuerpo se desplazaba lentamente para acortar la distancia que nos separaba, vislumbré tras él dos figuras junto a la puerta de herrería, que da acceso al pasillo que tras diez metros de recorrido lleva al umbral que desemboca a la calle, vestidas con ropa elegante de los años cincuenta. A la izquierda de mi padre había un hombre con un traje gris de rostro irreconocible. Y a su izquierda se hallaba una mujer con un traje de falda y chaqueta marrón, también con su rostro ensombrecido. Impulsado por el anhelo de abrazarlo, como no pude hacerlo en mi realidad consciente, me lancé tirado por el corazón. Juro que tiré de mí con todo lo que traía dentro, pero tan pronto como mi cuerpo hizo el amago de acortar distancias: mi padre, sin quitarme la vista de encima y sin cambiar su expresión ni por un instante, comenzó a andar marcha atrás. Como si caminara en paso revertido, con ese movimiento antinatural y seco que se percibe cuando algo no fluye en el orden establecido de las cosas. Comencé a lanzar mis pisadas mientras gritaba: "No". Continué lanzando mis pies sobre el suelo del patio pero no había forma de avanzar, mientras mi padre se iba alejando de mí cada vez más. De mí salió otro grito más ahogado: "¡No...!". Mientras sin poder hacer nada veía cómo mi padre ya se encontraba casi a la altura de las dos figuras. Y lanzando mi mano hacia él, desesperado, sólo pudo recibir un desolado "¡No...!". Justo en el momento que había sobrepasado a sus dos acompañantes, estos giraron sobre sí mismos y todo se esfumó. Podría decir que se fundió a negro, pero no fue así. Creo que lo más parecido sería contar que fue como si se disipara una niebla.

Me desperté en mi cama. Aún gimoteando "No", dos veces más, aparte de la que me devolvió a la realidad consciente. Desconcertado, abrí los ojos buscándolo. Me asomé a la ventana, que da al mismo patio, buscándolo. No había rastro de nada, ni de mi padre ni de sus acompañantes. El único vestigio que quedó fue la luz del alba, misma que había hacía un momento en mi encuentro. Rompí a llorar. No contaba con volver a verte, y me rompió volver a perderte. Te fuiste dejándome nuevas dudas, pero sé que viniste a despedirte, a darme la oportunidad que no tuvimos en su momento. Pero por muy reconfortante que haya podido ser, no me hace feliz.

Hace una semana soñé contigo, pero yo sé que no fue sólo un sueño. No te vayas muy lejos, cuando nos reencontremos tendré mucho que contarte.​

23 de abril de 2022

Puta Zahara...

Tiempo atrás, estar en primera fila hubiera sido una prioridad...

A veces pudiera parecer cíclico. La vida, las circunstancias, las cosas, las personas... Fue allá por el 2009 cuando descubrí por primera vez a Zahara. Dulce aspecto de chica pop con canciones evocadoras (algo melosas a su manera) e intimista. No cabe más decir que desde entonces se convirtió una compañera musical en los días venideros. Y es curioso que de todas las veces que la tuve en la mira para ir a un concierto suyo, nunca se me dio ninguna (y no fueron pocas las oportunidades). Tendría que ser en México, lugar donde por primera vez pulsé PLAY a su primer disco (el de Universal), donde por fin la viera por primera vez en un directo.

Una guitarra y una voz, ¿para qué más?

Claro que ahora ya no era la inocente chica pop que perdió el avión, yo aunque enamorado de aquella imagen más que fascinado con su actual yo sublevado, contestatario e irreverente, que coquetea con la electrónica sin dejar de ser ella en sus letras. La magia de la creación sin restricciones.


Merichane en directo suena igual de bien.

El concierto fue un recorrido de su yo inicial (reinventado) a su disco más actual e irreverente Puta. En un espacio pequeño como es el Foro Indie Rocks de la CDMX, una apuesta segura para garantizar el lleno y perfecto para el formato que traía, acompañada de Martí Perernau IV y su magia.



Siempre hay una ligera calma que precede a la tormenta...

A mi criterio puso en escena un gran repertorio.

Aquí ya fue cuando se les fue de madre. 

Si esta canción no te hizo enamorarte de esta chica desde la primera vez,
nunca entendiste nada.

Aunque antes de reventarlo todo con el bailoteo, bajar a bailar con nosotros, alocarse y dejarse el alma en el escenario y la pista, nos regaló Con las ganas con menos lágrimas pero igualmente intenso. Ya después de eso lo que le siguió se le puede llamar euforia , sobretodo si cierras con Berlín U5 en versión extendida Puta Rave.

Gracias.

Todo un público diverso en todos los sentidos habidos y por haber
le dimos las gracias por una experiencia increíble.
 
Tengo el vicio de adoptar las tracklist de los conciertos, que casi siempre las consigo porque es un fetiche bastante raro. Pero así soy. La dejo a continuación porque siempre es una bonita forma de revivir el concierto creándote una playlist con las canciones en el orden adecuado.
Puta Zahara, gracias.

Yo a esto le llamo: Carta de amor interceptada.

26 de abril de 2021

La isla Desengaño


Frío, congelado. En medio de la nada, desolado. Perdido de la mano de dios. Su corazón se encontraba desterrado. Más allá del fin del mundo, de la vida, del tiempo. 


Teletransportado en un parpadeo, dejó Kansas, su hogar, su familia, sus amigos, su vida, su Tierra; y apareció en medio de ningún lugar. Frío, gélido; calor, infernal; un infierno en la no-tierra. Estando allí vio gigantes de piedra, peces de nubes, animales de fuego, insectos de sal y un sin fin de ilusiones como oasis en los desiertos, jugando con la sed del corazón.

¿Qué había hecho para terminar ahí? ¿Sabe una hormiga porque le aplasta un zapato? Pues lo mismo. Simplemente estaba ahí. 

Algunas ilusiones eran trampas para servirle como cena, almuerzo o desayuno, otras era la propia isla que se divertía con él. A veces era el calor, en otras el frío. Era el nuevo canal favorito de televisión para la isla. Y él, el mejor guionista, listo para hacer la mejor interpretación de su vida.

Vivió reposiciones de sus episodios más trágicos y de las temporadas más oscuras. Presentador del Late Night Show de sus pesadillas. Cronista de sus más oscuros y retorcidos secretos. Y vio cómo su parrilla infantil desaparecía para siempre condenándolo a las más terribles tinieblas.

Aún sigue siendo el único poblador de la isla Desengaño (por nadie nunca nombrada así), en donde vive persiguiendo a sus ilusiones con la esperanza de alcanzar una y poder desvanecerse junto a ella, o por lo menos darle un suspiro a su corazón y recuperar una pizca de vida. 

24 de abril de 2021

Universo: Preludio de SMND

Tengo la certeza que somos polvo estelar. ESO somos. De ESO venimos. Y en ESO nos convertiremos, nuevamente.

Somos nada en la vastedad del universo. Seremos olvido en la inmensidad del todo. Pero tened la certeza que esta mota de polvo cósmico que os habla, nunca os olvidará; y esparciré mi memoria de vosotros por todos los confines del universo para haceros eternos en el infinito, mientras nos volvemos TODO siendo nada. 

15 de marzo de 2021

Revoltijo


Hace tiempo que me miro y no me entiendo. La sensación es cotidiana, como esa saliva que pasa mal dejándote un nudo en la garganta, que ni sube ni baja porque no hay nada que tenga que bajar o subir. Sin embargo la sensación está, existe, en alguna parte de mi algo se duele; y lo que siento es un dolor reflejado de algún otro lugar en mí. Hace tiempo que no me siento, y sin embargo siento que hace tiempo que no estoy en debo estar, pero en donde estoy sé que es en donde hay que estar. Me extraño, no reconozco al tipo en el que me he convertido, algo no florece dentro de mí. ¿Cuánto puede aguantar mi cuerpo las embestidas de lo que intenta escapar? 

Mi vida nunca se rigió por ninguna lista ideal, ni por los sueños ni anhelos de otros. Jamás me planteé llenar mi vida de grandes sueños, que son metas, y vivir para lograrlos, para darle un sentido a mi existencia. Y no sé si ese es ahora el problema. Sin embargo, algo me dice que me he olvidado alguna cosa. Que en mi maleta se ha quedado incompleta. Que no estoy viajando con lo justo. Que quizá llevo sobre equipaje, y que cargo de más de lo que no debería. Puede que sea porque no hice mi maleta pensando en mi...

¿Qué callan estas lágrimas que recorren mis mejillas, ya comenzando a agrietarse, y mueren sobre el teclado? Si beberlas me lo revelara, juro que intentaría embriagarme en ellas, y con gusto moriría en la resaca fuera cual fuera la que proviniera de ellas. Quizá las lágrimas son al final las que hablan aquello que mis labios son incapaces de expresar, porque en el fondo sé que después del primer aliento, al expulsarlas, mi mundo cambiaría para siempre. Y sin embargo, quisiera que todo cambiara quedándose igual. Transmutar sin consecuencias, pero la vida es cambio. Así pues sólo queda un cobarde. Demasiado valiente para enfrentarse al silencio, y demasiado temeroso para afrontar la libertad.

Quizá sea la sensación que ya no me queda un refugio en este lugar que llamamos Tierra, y eso duele.

*El video es porque... lo rodaron en Menorca (mi Tierra), y últimamente me produce un tsunami de sentimientos encontrados y desencontrados -también-. Pero no me hagáis mucho caso, está bien bonito, así que agasajaros.

7 de enero de 2021

Timmy, el niño tiburón

Timmy, el niño tiburón
T es de Timmy, el niño tiburón, que llora porque los Reyes le trajeron carbón. La verdad es que el niño era bastante cabrón así que no se merece la compasión de nadie. Una cosa es que llore por injusticia, y otra porque saque tajada de la lástima...

En fin, esta es la historia de Timmy, tan cabrón que no hay porqué entrar en detalles.

29 de diciembre de 2020

Sr. Anguinaldo

Sr. Anguinaldo dice...

Después de años de ausencias, desdenes y otras excusas varias e injustificables, vuelvo con mi felicitación para estas festividades.

Que no sé qué tanto haya que celebrar pero bueno, alguna excusa nos inventaremos para que sigan existiendo. 

Os dejo con el señor Anguinaldo, que tenía algo importante que deciros...

15 de noviembre de 2020

¿Quién soy?

"¿Quién soy?"
Se preguntaba en el silencio de la noche, a la hora de las sombras y las brujas. Y la única respuesta era el vacío. Estático, atrapado dentro de su cabeza; inerte, a la espera de una contestación; impasible, expectante de la vida. Sólo el zumbido de la calma en sus oídos, y la pregunta rebotando en la vacuidad de su bóveda craneal.

"¿Quién soy? Cuando no tengo a nadie que me diga quién ser".
Sintiendo la aguja de la ansiedad atravesándole el pecho. Él mismo se respondió con una exhalación ahogada. No fue un quejido, ni tampoco gemido, solo neutralidad y decoro. Solo se puso en un rincón (para no molestar). La respuesta fue su acción muda, irresponsable y cobarde.

"¿Quién soy? Si no me atrevo a ser".
Era miedo y angustia. Indignación y contemplación. Sumisión e indolencia. Era un anacronismo atorado en su propia historia, proyectando mientras veía pasar el tiempo. Una gota de tinta, en donde se había perdido. Gota que contenía varios renglones de su vida, donde todo se mezcla y revolvía sin coherencia ni ritmo. Náufrago de su propia historia, devorado por un mar de tinta y destino.

"¿Quién soy? Ahora ya no quiero ser lo que era".
La noche y el silencio le respondieron. Le costó varias horas en la oscuridad hasta que empezó a oír con claridad, el impacto de los centenares de granitos de arena con los que se mide el tiempo. Y en su mente podía disponer como quisiera de esos minerales temporales fragmentados; ya fuera para levantar muros y blindarse de su pasado, o para pavimentar un camino y trazar su senda. La nada le recordó que es ahora lo único que era, y que ser no era cuestión de tiempo sino el saber qué hacer con ese tiempo que no es contrato sino papel en blanco.

Y si en mitad de la noche, lo veía todo negro. Era quizá porque no estaba centrando sus sentidos, entendiendo su vida como un lienzo sobre el que plasmarse. Probablemente estaba más concentrado en la tinta negra de la noche, y en las múltiples y enfermizas posibilidades de esta, olvidándose que no importaría cuán perfecta fuera la decisión si cuando llegase el momento de dejar huella, el lienzo estaría marchito y no soportaría la mancha...

"¿Quién soy? Soy yo, y eso debería ser suficiente".