25 de junio de 2006

Tributo a la ciudad I

Alzar la vista y respirar. Los edificios se saludan a cada determinada hora del día. Así todos y de forma cortés se ofrecen los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches; mediante palomas mensajeras, hojas impulsadas por susurros y reflejos que atraviesan la ciudad. Los bronquios de asfalto gris curtidos por la vida, por el tiempo, por los sucesos. Espacios en blanco en los que brotan las ideas, el ingenio y en donde inesperadamente nace la esperanza del extranjero.

Natural

El enfrentamiento era inevitable. Ante el ejército de enredaderas se levantaba una inmensa mole de piedra solemne, hogar de las ortigas salvajes y espinos. El ascenso fue iniciado, y mientras las enredaderas avanzaban en su lenta pero segura subida, las ortigas y espinos se formaban y se unían creando una barricada que pudiera contener al invasor. Llegada la noche el encuentro era inminente. A la medianoche, con la luna en lo alto de la bóveda constelada se levantaron y entraron en enmarañado combate. Los arañazos se sucedían entre duros forcejeos y las pequeñas ortigas se aferraban retorcidamente a las enredaderas dejándolas a merced de los espinos. Al alba, con el primer rayo de luz la batalla cesó. No había habido victoria, tan sólo un paso cortado por una majestuosa escultura orgánica.

Cubilátero

Existió una vez un ser poliédrico. Orgulloso y pretensioso. Tanto era así que nunca supo como era realmente. En ocasiones era pragmatismo puro, y en otras instinto animal. A veces luchaba hasta el final, y en otras caía en la más grande de las depresiones. Una vez atrajo el amor de una mujer. A veces diez, a veces mujer. Una vez él se enamoró, y otra vez se desamoró hasta volver a enamorarse. Otra vez fue el amor quien le atrajo a él. Y en confusión cayó. Un día se miró al espejo y en su rostro pudo percibir un plano más en su faz. Lo miró y lo tocó, se apretaba para ver si lo podía destruir o allanarlo, pero fue inútil, durante ese día estuvo sumiso en la desdicha. Pero al día siguiente se enfrentó al mundo radiante. Aún así en su interior, desconocía la forma real de su corazón, y como éste no era poliédrico, no podía evitar sentir los cambios radicales de su ánimo. Y una tarde, cuando se miraba en el espejo mientras se lavaba los dientes empezó a ver como su cara iba perdiendo planos. Al principio se asustó, pero enseguida se alegró. Cuando perdió el último plano, se sintió cansado, y se desplomó al suelo. Su corazón se había muerto, y él volvió en sí. Se lavó la cara y salió de casa.

23 de junio de 2006

Lágrima floral

¡Retuércete! ¡Retuércete! le susurra fuertemente mientras se retuerce. Su escuálido cuerpo se entorna sobre sí generando espirales concéntricas, naturales, orgánicas, vivas. ¡Un poco más! Se le escucha al susurro. Lágrimas brotan de sus ojos, ya no sabe si es el dolor, el no ver el final o si cuando llegue, realmente no haya valido la pena el esfuerzo. Pero el susurro le silba al oído, y recobra fuerzas. A lo alto puede ver una luz, un tapiz azul. Sus brazos antes rígidos y estancados ceden del cansancio, y finalmente se abre el telón. Mira por encima y una alfombra roja se extiende a lo largo de la pradera. Y de melodía una suave brisa que zarandea dulcemente los delicados cuerpos, y el ligero zumbir de las abejas en plena labor. El esfuerzo ha valido la pena, y piensa para sí que nada de lo que pudiera pasar podría hacer que se arrepintiera, justo fue el momento, en que el floricultor contento por el esfuerzo de la delicada amapola, la cogió de su tallo y se lo cortó. Pero ésta no lloró, y mientras se deslizaba entre la brisa al ritmo de su verdugo, sonreía y soñaba con morir decorando la melena a alguna hermosa doncella enamorada.

11 de junio de 2006

Lección 1

El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa y le dice:

- Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia...
-Espera! interrumpe el filósofo ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que me vas a contar?
-¿Que tres rejas? pregunta el discípulo.
-Si, la primera es la verdad; ¿estas seguro que lo que quieres decirme es absolutamente cierto? -No, lo oí comentar a unos vecinos...
-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Lo que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
-No, en realidad, no.
-¡Ah, vaya! la ultima reja es la necesidad ¿es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
-A decir verdad, no.
-Entonces dijo el sabio sonriendo, si no es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.
(No hay nada como las palabras sabias) visto en La coctelera.


5 de junio de 2006

La mujer lechuga

Esbozando lechugas

28 de mayo de 2006

Violentas

Fue cuando cayó la última hoja del otoño cuando le sonrió al viento y le contaba que la primavera ya estaba al llegar. Dos días después la primera flor había brotado de entre las ruinas del antiguo santuario. Eran violetas, como las que en su día decoraban el paseo hacia la entrada de éste. Una tarde se encontraba sonriendo al sol mientras recogía unas cuantas para hacerle una corona a su hermana que le vistiera y le hiciera justicia. Mientras las enumeraba y las recogía, rodeada de la devastación que se eregía a su alrededor. Fue en algún instante que fue agarrada por sorpresa y puesta a salvo cuando una azada negra segaba el violáceo campo dejando un rastro de lágrimas de sangre. A los pocos minutos las flores se murieron en sus manos, había llegado el invierno. A los jinetes del tiempo les gustaba destruir lo bello, y eran pocos los ángeles que se atrevían a levantar lo que destruían, a menudo sólo podían proteger a los pocos supervivientes del holocausto final. La niña le besó en la mejilla y éste marchó. Esa noche la niña lloró de tristeza. Al cabo de una semana, en un día de verano, se encontraba jugando en el santuario con las lagartijas cuando rodando por el suelo se topó con los pies de un jinete. La nña se puso en pie y en un principió se asustó. Pronto sintió pena del jinete que tenía el alma llena de perversión, por lo que le hizo que se arrodillara y le besó en la mejilla. La niña cayó inerte en unn lecho de violetas. Las lagartijas huyeron despavoridas y el jinete rompió a llorar haciendo brotar violetas de sus lágrimas negras.